Ud. está en: Noticias > La dinámica de una negociación imposible
La dinámica de una negociación imposible
El escenario
Debe ser difícil llevar la corona de España estos días. En su tierra, al rey Juan Carlos lo acosan por izquierda grupos que quieren abolir la monarquía, y por derecha, otros que le piden que abdique en favor de su hijo. Y encima, afuera, le piden que bendiga una negociación imposible.
Se suponía que el Borbón iba a lucirse la semana que viene en la Cumbre Iberoamericana de Chile, con un acuerdo entre la Argentina y Uruguay después de un año de gestiones. La dinámica del conflicto -cruzado por intereses políticos, presiones económicas y cierta fascinación por el ridículo- acotó otra vez las esperanzas.
Casi desde que se cerraron las mesas de votación argentinas, el gobierno uruguayo empezó a anticipar el día y la hora en que iba a autorizar a la papelera Botnia. Iba a ser antes de la cumbre. Así no hay diálogo posible, era la réplica en Buenos Aires durante las horas de espera.
El gobierno español irrumpió sobre la hora para evitar otro desplante al rey. Casi seguro no habrá acuerdo en Santiago, aunque todavía se puede salvar parte de la idea original: una foto entre los presidentes y una promesa de empezar otra etapa en la relación bilateral, mientras el caso Botnia se resuelve en la corte de La Haya.
Otra parte del plan, la que incluía un control ambiental conjunto de la zona fronteriza, se complicó con el anuncio fallido de ayer. El malestar que causó en el Gobierno el apuro uruguayo por darle la aprobación a la papelera limitó el margen político para una medida de ese tipo, resistida por los asambleístas entrerrianos que cortan la principal ruta binacional desde hace más de un año.
Néstor Kirchner tenía previsto pagar ese costo durante la transición de entrecasa, para liberarle el camino a la futura presidenta. Si esa decisión se mantiene sólo se sabe en el chalet de El Calafate donde el Presidente y la sucesora descansan a solas.
El camino a la distensión parecía abierto cuando Tabaré Vázquez llamó a Cristina Kirchner para felicitarla por el triunfo del domingo. Ella después dijo que quería viajar a Uruguay.
Pero Botnia también presiona: su máximo ejecutivo viajó a Montevideo y se encargó de contar que la empresa pierde miles de dólares cada día que pasa sin producir. Hay ahí una explicación a la prisa uruguaya.
Ahora al paciente mediador español Juan Antonio Yáñez le encargaron viajar a Chile un día antes de que lleguen los presidentes con el objetivo de salvar cuanto pueda del proyecto original. "No quisiera ser él", ironizaba ayer un alto diplomático argentino.
No sólo el rey pone la cara: el presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, tiene que visitar después Buenos Aires y Montevideo, en lo que se suponía un paseo triunfal después de amigar a los vecinos.
Por Martín Rodríguez Yebra
De la Redacción de LA NACION
La Nación
Viernes 2 de Noviembre de 2007