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Uruguay refuerza el control sobre Botnia
La Dirección de Medio Ambiente, la intendencia y un laboratorio independiente realizarán un seguimiento de la empresa
FRAY BENTOS.- La cuenta regresiva para la salida del primer fardo de pasta de celulosa rumbo a Europa está llegando a su final. Mientras la empresa finlandesa Botnia da en su imponente planta los últimos retoques al inicio de la producción, comenzó también aquí el control interno y externo de los eventuales efectos contaminantes que el trabajo de la productora de pasta traería para el aire, la tierra y el agua compartidos con los pobladores de Gualeguaychú, que hace rato le declararon la guerra a la instalación de la planta en la margen oriental del río Uruguay.
"Puede ser el lunes (por hoy), el martes o el miércoles", confirmó a LA NACION la directora de comunicaciones de Botnia, Florencia Herrera, en referencia al inminente traslado de las primeras planchas de celulosa.
La llegada de una barcaza (la segunda) al centro de cargas techado que la empresa tiene a orillas del río, a escasos metros del puente binacional, alimentó la presunción de que la salida del primer envío es de horas o días y no de una semana, como se especulaba hasta la mañana de ayer. La enorme chimenea siguió despidiendo un humo blanco, otro signo de que ya no se usa fueloil, combustible utilizado al inicio del proceso para encender las calderas de la empresa.
La tarea de ingenieros y técnicos fue intensa. Según fuentes de la empresa, ayer ingresaron los "chips" (astillas) de madera al digestor donde se cocina y purifica la madera, que durante la noche ingresaría en su proceso de blanqueado, uno de los últimos pasos antes de convertirla en pasta de celulosa. Llegaron más técnicos y empleados y rebasaron la capacidad de los escasos hoteles de esta pequeña ciudad balnearia.
Seguimiento
Junto a los preparativos, también se aceleraron los mecanismos de control. Una comisión de seguimiento -integrada por representantes de la Dirección Nacional de Medio Ambiente de Uruguay (Dinama), los ministerios relacionados, la intendencia local, la empresa independiente Laboratorio Tecnológico de Uruguay (LATU) y representantes de la propia empresa- intensificó su tarea para asegurarse de que los dichos de la empresa y del gobierno uruguayo sean ciertos y de que no haya contaminación de ningún tipo cuando la planta comience a producir con todo su potencial.
El trabajo de campo en sí estará a cargo de la Dinama y LATU, que ya acondicionan sus instalaciones en esta ciudad, además de los controles internos que realizará Botnia a través de sus expertos ambientales y de otros "expertos externos independientes".
"Vamos a cumplir todos los estándares de cuidado ambiental de la Unión Europea, una exigencia de los clientes que reciben la celulosa", explicó Herrera.
Desde LATU, que estrenó aquí una costosa unidad tecnológica a fines de agosto último, afirmaron a LA NACION que el sistema de monitoreo está "operativo y a cargo de personal capacitado". "Somos absolutamente independientes", dijo la ingeniera Elina Ordoqui, directora de la unidad, en escueto diálogo con LA NACION.
La eventual contaminación del río Uruguay, uno de los principales reclamos de los asambleístas, será seguida de cerca por los encargados del monitoreo. Fuentes de Botnia aseguraron que desde hace tiempo se están tomando medidas para controlar la salud de los peces y la flora que rodea a las aguas. De todos modos, desde la empresa también aclaran que "el río tiene algunos problemas puntuales, como el crecimiento de algas, que pueden derivar en concentraciones superiores a las normales en toxinas".
Los malos olores tampoco están descartados. "Es posible que durante las primeras horas de producción se sienta cierto olor a gases", afirmó Markku Laaksonen, gerente de inspección técnica de la planta, en un reciente comunicado distribuido a la prensa. De todos modos, se asegura que los hedores durarán "hasta que los sistemas de filtrado estén completamente estabilizados". Y que podrían llegar a esta ciudad, pero nunca a Gualeguaychú.
El intendente de Fray Bentos, Omar Lafluf, en tanto, coincide en que no habrá de qué preocuparse. "Mire, ahí está la planta", dice a LA NACION mientras abre el balcón de su despacho y la chimenea de Botnia puede verse con claridad. "¿Usted cree que si yo tuviera dudas estaría acá, con mis hijos viviendo a pocos metros?", razona el jefe comunal.
Todos parecen estar de acuerdo, aunque se alzan algunas voces críticas. "No hay, salvo para Botnia, medios técnicos para controlar la contaminación", dice el ambientalista Víctor Cardona. "La Dinama no es garantía: tengo una papelera a metros de mi casa [en la vecina Mercedes] y nunca han controlado los olores ni las malformaciones que se han producido", se queja.
Falta poco para que se empiece a ver quién tiene razón.
Por Jaime Rosemberg
Enviado especial
La Nación
Lunes 12 de Noviembre de 2007