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Río Cuarto: murió otro profesor y pidieron la renuncia del rector

En una tumultuosa reunión del Consejo Superior de la Universidad de Río Cuarto, con 2.000 alumnos y docentes presentes, pidieron la dimisión. Horas antes había fallecido la tercera víctima del accidente.
Un apego morboso
Lucas Guagnini

Los argentinos parecemos tener un morboso apego por el aprendizaje a base de sangre. Tuvo que ocurrir Cromañón para que se comenzaran a controlar en serio la seguridad y el límite de capacidad en los boliches. Las muertes sin fin en la provincia de Buenos Aires llevaron a que se declara la emergencia vial en las rutas bonaerenses. Los ejemplos pueden seguir: la tragedia de Lapa y la seguridad aérea, el crimen de Axel y la lucha contra el delito. Ahora, con la explosión de Río Cuarto, la lupa se posó sobre los laboratorios y centros de investigación. Que la conciencia sobre los riesgos de cada sector avance con el ritmo espasmódico de las tragedias nos revela que hoy la seguridad no es una cuestión de Estado, ni de principios éticos, ni una prioridad de las instituciones o las empresas, sino la mera consecuencia colateral de muertes evitables.

Carlos Alberto Ravera
Edad: 64 años
Profesión: Ingeniero químico industrial del Conicet en la Universidad Nacional de Río Cuarto.
Carlos Ravera había nacido en Almafuerte, 100 kilómetros al sur de la capital de Córdoba, y hasta el día en que ocurrió la explosión en la planta piloto de la Universidad de Río Cuarto, dedicaba todo su tiempo a su trabajo, según contó ayer a Clarín su hermano Omar.
El ingeniero había dejado su ciudad para estudiar en la Universidad Nacional del Litoral. Desde hacía más de 15 años trabajaba en la Universidad Nacional de Río Cuarto y era personal de apoyo del Conicet. Estuvo a cargo de la supervisión del mantenimiento de equipos de la planta piloto, que se dedicaba a la producción de aceites.
"Era muy accesible y alentaba a los estudiantes de la universidad", comentó el hermano. Ravera se encargaba de armar y poner a punto equipos que se usan en las materias de la carrera de Ingeniería Química de la universidad.


El vicedecano, comprometido

Mientras alumnos y docentes apuntaron con la responsabilidad política de la tragedia al rector Angel Spada, la Justicia federal retiró del campus y de la planta incendiada "13 barriles de hexano que no estallaron, secuestró computadoras y papelería que contiene las firmas de quienes habrían autorizado el ingreso de los tambores a la Universidad", le confió a Clarín una fuente allegada al juez Oscar Valentinuzzi, y que pidió reserva de su nombre. El hexano fue almacenado "con los cuidados que corresponden" en la planta de Atanor, de Río Tercero.
El informante aseguró que "estamos trabajando y avanzando mucho en determinar los responsables de la cadena de negligencias en el almacenado y acumulación del hexano". Pero, por ahora, hay un nombre que estaría a la cabeza de quienes están "seriamente" comprometidos. "Se trata Carlos Bortis, vicedecano de Ingeniería -aseguró el investigador-. Su firma está en la documentación que habría autorizado la entrada del hexano al campus".

El estallido de la Planta Piloto de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC) se cobró ayer la tercera víctima: Carlos Ravera, un investigador del Conicet, murió por las gravísimas quemaduras a una semana exacta del accidente. En tanto, en una tumultuosa sesión del Consejo Superior, le pidieron la renuncia al rector de la UNRC, Oscar Spada. A pocas horas de ocurrida la tragedia, Spada había dicho no saber nada del hexano almacenado el la Planta Piloto, y responsabilizó de todo lo ocurrido a la Facultad de Ingeniería.

El encargado de la embestida contra el rector fue el consiliario docente Raúl Barrovero: "Esperábamos un gesto de grandeza de las autoridades. Esperábamos que ellos nos dijeran: pongo a disposición mi renuncia", dijo, y unos dos mil alumnos, profesores y no docentes presentes en el Anfiteatro estallaron en aplausos y gritos reclamando la renuncia.

La explosión del laboratorio de la UNRC, ocurrida el miércoles 5 de diciembre pasado, ya se cobró tres vidas: la del estudiante Juan Andrés Politano, de 22 años, la de la doctora en química Liliana Giacomelli, de 42 -que murieron el jueves y viernes pasado- y ahora la de Ravera. Según los médicos del Instituto del Quemado de la ciudad de Córdoba, "todos tenían escasas posibilidades de sobrevivir, ya que sus vías respiratorias estaban dañadas por haber respirado los vapores del hexano", el solvente altamente inflamable que fue la clave del accidente que dejó unos 25 heridos, 19 leves. Anoche, en el Hospital Córdoba, continuaban internados "en estado gravísimo" Damián Cardarelli (43 años), Gladys Baralle de Simone (42), y Miguel Mattea (58).

Sus nombres fueron recordados en la sesión del Consejo Superior de Río Cuarto, un cónclave que se realizó por la tarde en el anfiteatro San Martín, y bajo un sol que pareció recalentar aún más los ánimos de los presentes.

El pedido de renuncia no fue una sorpresa, ya que se preveía que en la sesión de ayer pedirían "la cabeza" del rector Spada, pero también la del decano de Ingeniería, Diego Moitre, y la del ingeniero José Luis Pincini, secretario de Coordinación Técnica y Servicios de la UNRC. En el caso de éste último, le atribuyen que, desde hace un año, el hombre preside la Comisión de Seguridad, un órgano que -aseguran- "nunca funcionó".

Este diario confirmó que el rector Oscar Spada había ofrecido su renuncia el mismo 5 de diciembre, pero dirigentes de la Asociación Gremial Docente (AGD), como también de la Federación Estudiantil de Río Cuarto (FURC), le sugirieron que siguiera: "Le dijimos que se quedara y se hiciera cargo de la situación porque él es el máximo responsable político de la Universidad", explicaron a Clarín fuentes universitarias.

Antes de la sesión del Consejo, en la Asamblea Interclaustros, se recordó que en 2005 explotó una caldera en el comedor universitario, y que el año pasado estalló un horno en la Facultad de Veterinaria, causando tres heridos leves. Esos dos antecedentes no fueron tomados en cuenta para hacer una revisión general de todas las instalaciones de la universidad, marcaron.

El titular del gremio, Marcelo Ruiz, fue orador en la sesión del Consejo Superior y se quejó: "El mismo día de la tragedia debería haberse convocado a esta sesión y haberla declarado en estado de asamblea permanente. Pero eso no pasó. Por eso nuestra asamblea interclaustros se convirtió en un espacio de recuperación de la salud, donde las víctimas, nosotros, pudimos hablar de esto que nos pasó y hacer nuestro duelo".

Por: Marta Platía
Fuente: CORDOBA. CORRESPONSALIA

Clarín
Jueves 13 de Diciembre de 2007


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