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Sexta muerte por la explosión en Córdoba

Era un docente, que había dado un alerta

CORDOBA.- Como una triste paradoja del destino, el investigador que había advertido hacía seis años sobre la peligrosidad del uso del hexano para la extracción de aceites vegetales, se convirtió ayer en la sexta víctima fatal de las explosiones provocadas, precisamente, por ese poderoso solvente en la planta piloto de la Universidad Nacional de Río Cuarto.

El profesor Miguel Mattea, de 58 años, quien estaba al frente de ese establecimiento, murió ayer a las 6.30 por las graves quemaduras externas e internas que sufrió aquel 5 de diciembre. Cuando hace años se inauguró la planta, el investigador ya había dado la voz de alarma, que no fue escuchada.

"El solvente orgánico que más se usa para realizar este tipo de extracciones [de aceites] es riesgoso, ya que forma mezclas explosivas con el oxígeno del aire y, además, su inocuidad no está totalmente aceptada; es decir que sus restos pueden acarrear problemas para la salud, por lo que es sumamente necesario que no queden restos", había advertido Mattea en una publicación de la propia casa de estudios.

Mattea, junto con Damián Cardarelli, otro colega muerto en el siniestro, habían señalado que trabajaban para eliminar el uso de solventes en la extracción de aceites esenciales.

El jefe de los investigadores explicó entonces que el aceite vegetal que la gente consume es habitualmente extraído del interior de las semillas con hexano, por lo que luego el producto debe ser refinado. Su propuesta era suplantar el hexano por anhídrido carbónico en condición hipercrítica, es decir, muy comprimido, para que se convirtiera en un fluido que permitiera extraer aceites y colorantes de las plantas, con mayor calidad.

Su equipo de investigadores defendía el uso de anhídrido carbónico por considerar que no lleva aparejado "ningún riesgo para los productos que se obtienen, está disponible en gran cantidad, no es explosivo y no tiene riesgos tecnológicos".

Pese a ello, en la planta piloto se encontraban almacenados entre 15 y 20 tambores con hexano, que generaron la explosión seguida de incendio.

Mattea era el último sobreviviente de los cinco docentes y un estudiante que habían sido internados en grave estado. El investigador sufrió un paro cardíaco del que no pudo ser recuperado. Mattea tenía el 50 por ciento de su cuerpo afectado y una quemadura profunda en sus vías aéreas; además, en los últimos días debió ser sometido a diálisis, porque ya no le funcionaban los riñones.

El juez federal Oscar Valentinuzzi decidirá imputaciones por las seis muertes y los daños provocados.

La Nación
Jueves 27 de Diciembre de 2007


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