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Calentamiento global, China y EEUU
Dado el acelerado derretimiento en estos días en Groenlandia, probablemente ya no es adecuado usar el adjetivo “glacial” para describir las negociaciones sobre un tratado destinado a frenar la peligrosa interferencia humana con el clima.
Las conversaciones en Bali en las últimas dos semanas fueron simplemente el pasito más reciente para lograr que eso suceda. ¿El logro de Bali?: dos años más de conversaciones. Mientras tanto, las concentraciones de bióxido de carbono, la principal emisión que provoca el calentamiento climático, continúan en ascenso, que empezó hace 250 años, cuando la industrialización aumentó en base a una dieta de combustibles fósiles.
Por ello, suponiendo que las naciones industrializadas y en vías de industrialización hablen en serio, ¿quién o qué puede dar la voltereta de manera realista a la marea del carbono?
Como siempre, los dedos de muchos expertos en energía y el medio ambiente apuntan al oeste y el este; a Estados Unidos y China.
La superpotencia establecida se elevó gracias a una ola de prosperidad alimentada por combustibles fósiles. La naciente, asentada sobre una riqueza de carbón, ve pocas razones para no seguir el ejemplo; después de todo, apenas acaba de tomar su ola (con India y otros pisándole los talones).
Sin embargo, la marea sólo puede revertirse, coincide una veintena de científicos y economistas con perspectivas variadas, si China y otras potencias en ascenso como India aceleran en el conocido camino de la construcción de una nación: extracción de recursos, crecimiento industrial y económico, la destrucción que le acompaña, y luego la restauración y protección ambiental. Si no lo hacen, sus emisiones eventualmente afectarán a todas sus otras fuentes, según muchos análisis.
Richard Richels, economista del Instituto de Investigación de Energía Eléctrica, ayudó a producir una predicción ominosa: aun cuando las potencias industriales establecidas apaguen todas sus plantas de energía y autos ahora, a menos que haya cambios en las políticas de países más pobres, la concentración de bióxido de carbono en la atmósfera pudiera todavía alcanzar las 450 partes por millón -un nivel considerado inaceptablemente peligroso por muchos científicos- para 2070. (Si nadie hace nada, ese umbral se alcanzará en 2040.)
Los libertarios dicen que una vez que los países se enriquezcan, harán lo correcto por el clima. Pero los críticos de esta opinión dicen que la larga vida del bióxido de carbono (y de fuentes como las plantas que queman carbón que China está construyendo a un ritmo de una a la semana) significan que esperar sólo agrava el problema más allá de toda solución.
Abundan las teorías sobre cómo ayudar a China a adoptar políticas de reducción de emisiones. Una forma, dicen muchos científicos y expertos, es hacer a las fuentes de energía no contaminantes más baratas que la quema desenfrenada de abundantes combustibles fósiles. En este momento, son mucho más costosas.
Esa es la razón de que varias docenas de expertos en energía y clima enviaran una carta este mes a miembros del Congreso y los candidatos presidenciales de Estados Unidos, en busca de un aumento de 10 veces en el presupuesto federal para la investigación energética, ahora de unos 3.000 millones de dólares anuales.
Algunos economistas dicen que lo único que acelerará el cambio es el dinero, ya sea que se llame ayuda, asistencia tecnológica o de algún otro modo.
Representantes de países en desarrollo han presentado este argumento desde hace tiempo, señalando que las potencias establecidas pasaron un siglo creando la capa de gas de invernadero. Al hablar en Bali, Munir Akram, el embajador de Paquistán ante la ONU, dijo: “Lo que tenemos que hacer es que encuentren una forma de reducir las emisiones aquellos que puedan permitirse reducir las emisiones”.
Pero hay muchas dudas sobre la disposición del Congreso, particularmente, para pagar a nacientes competidores económicos.
Algunos expertos ven que las mejores perspectivas de cambio provienen desde abajo, señalando esfuerzos como el MetroBus, un programa que involucra al Instituto de Recursos Mundiales que en gran medida amplió el uso del transporte masivo en la Ciudad de México.
BinBin Jiang, asociada de investigación en energía y desarrollo de la Universidad de Stanford, ve oportunidades similares en la creación de una infraestructura eficiente para las crecientes ciudades de tamaño medio de China. "Ahí es donde se determina si un país va a dar un salto o a seguir el antiguo camino occidental", dijo.
Pero Jiang también insistió en que también era crítico un cambio significativo en la política energética y climática dentro de Estados Unidos. “China evidentemente es responsable de la mayor parte de las emisiones en el futuro, pero Estados Unidos sigue siendo el mayor obstáculo”, dijo. “Estados Unidos no va a influir diciéndole a China qué hacer. Tiene que poner el ejemplo”.
Por Andrew Revkin Especial para Los Andes
Los Andes
Jueves 3 de Enero de 2008