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Cómo conseguir tres represas de regalo

EL gobierno nacional por fin está tomando algunas medidas de ahorro de energía, lo que significa, al menos, reconocer que existe una crisis.

Sin embargo, una medida que ni siquiera se menciona podría ahorrar tanta electricidad anual como la que producen las represas Nihuil I, II y III sobre el impetuoso río Atuel. Bastaría un decreto que impusiera el control por parte del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial) de los sistemas de stand by de electrodomésticos y equipos de oficina.

Por su mal diseño, casi todos los que se ven en la Argentina despilfarran electricidad de un modo increíble.

El argentino de clase media tiene en su casa varios electrodomésticos de esos que se apagan y sólo les queda encendida una luz roja como testigo, o eso le dijeron. El nombre de ese sistema es stand by, o “apagado en espera”, y asegura un encendido instantáneo a toque de botón.

Por reglas comunitarias muy sensatas, un electrodoméstico en Europa sólo puede consumir un kilovatio por hora en stand by, pero en la Argentina el Estado jamás reguló nada al respecto. Y el resultado son, por ejemplo, algunos minicomponentes chinos que consumen 36 kilovatios/hora cuando están encendidos… y 30 cuando están apagados. Nunca la apalabra “apagado” mintió tanto.

Mientras el argentino común y su esposa trabajan y los chicos están en el colegio, en la casa vacía, sumando computadoras, televisores, equipos de audio, DVD, horno de microondas y otros aparatos presuntamente apagados, pero no en realidad, hay un enorme gasto inútil de electricidad. El Instituto Catalán de Energía calcula que la familia barcelonesa promedio, que vive en un departamento de 90 metros cuadrados, incluso con esos electrodomésticos tan ahorrativos que impone la legislación europea, gasta en “modo de espera” el cuatro por ciento de su consumo eléctrico total.

Aquí es todo bastante peor, y el consumo de un aparato “apagado en espera” puede llegar a ser mucho mayor que el de ese mismo equipo las pocas horas en que está efectivamente encendido. El departamento tipo argentino, con un televisor CTR, una videograbadora, un decodificador, un sistema de audio de minicomponentes, una computadora con monitor de 17 pulgadas y una impresora, todos ellos puestos “en espera” y sin ser usados, puede gastar la friolera de 570 kilovatios/hora anuales, sólo para encender lucecitas rojas y calentar inútilmente las carcasas de dichos equipos. Una oficina muy precaria, con dos computadoras, dos monitores, una impresora y un plotter, puede gastar casi 320 kilovatios/hora por año en stand by, sin siquiera trabajar.

A la hora de las cuentas, medio millón de casas y medio millón de oficinas chicas como la descripta gastan en stand by casi 890 mil megavatios/hora por año, que viene a ser toda la producción anual de las centrales hidroeléctricas mendocinas Nihuil I, II y III, sobre el río Atuel. Por supuesto, tenemos mucho más de un millón de casas y oficinas gastando electricidad inútilmente “en espera”, sin siquiera saberlo sus dueños y sin que el Estado se entere.

Dicho de otro modo: habría que examinar con más seriedad el programa de ahorro de energía y separar lo lógico de lo ilógico. Es una tontería poner al país durante la temporada cálida en el huso horario de las islas Azores, como si la Argentina estuviera en medio del Atlántico. Como ya sucedió en el pasado, ir tan a contramano de los ritmos circadianos naturales en algunas provincias cordilleranas y patagónicas que caen dentro del huso horario de Chile va a generar mayor consumo y, además, problemas de tipo biomédico en la población. Y eso porque no se puede vivir tan a contramano del reloj biológico humano, que está “seteado” por el Sol.

Será redituable, en cambio, apagar de noche las luces de los edificios públicos y la cartelería publicitaria y evitar el fútbol y los recitales nocturnos.

Y ni hablemos de regular el alumbrado público municipal o distribuir lámparas de bajo consumo domiciliario. En esa parte del programa, el Gobierno tiene razón.

Pero dentro de lo poco espectacular, aunque redituable en el largo plazo, alcanzaría sencillamente con decretar que el INTI certificara que los aparatos domésticos y de oficina autorizados para su venta en la Argentina tuvieran un consumo en stand by que no excediera el permitido según normas europeas.

Ningún gobierno debería pestañear siquiera para imponer una medida tan ínfima, pero a la larga tan provechosa. Los electrodomésticos rara vez duran una década antes de ser reemplazados, y los equipos de oficina tienen una obsolescencia aún más rápida. De modo que el ahorro de consumo obtenido, a medida que los aparatos derrochones vayan siendo reemplazados por otros ahorrativos, equivaldría a que a la Argentina le regalaran cada dos o tres años todo un río como el Atuel, con sus tres diques construidos, sus embalses llenos, sus centrales hidroeléctricas funcionando y las líneas de alta tensión ya tendidas y distribuyendo corriente por todo el país.

No sería un mal regalo.

Por Gustavo Bianchi
Para LA NACION

El autor es doctor en ciencias de los materiales.
Ministro de Energía del gabinete "en las sombras" que dirige Roberto Lavagna.

La Nación
Viernes 4 de Enero de 2008

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