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Bomberos entre llamas, humo y derrumbes
Un comisario herido al caer siete metros
Fue necesario que más de 80 bomberos trabajaran durante más de 30 horas para poder controlar las llamas que destruyeron el edificio comercial de seis plantas de Lavalle al 2200.
La mitad de ellos seguían anoche en la zona de Once y no dejaban de arrojar agua para tratar de que se no se reavivara el fuego, que, según estimaron los jefes policiales consultados por LA NACION, podría seguir encendido uno o dos días más.
Además del fuego y los gases tóxicos producidos por la combustión de la espuma de poliuretano, principal componente de algunas de las mercaderías almacenadas en los depósitos, los bomberos enfrentaron un enemigo más riesgoso, invisible. Tuvieron que hacer frente a las llamas en medio de constantes derrumbes de mampostería y de desplazamientos de las losas.
Claudio Bonahora Igarzábal, comisario del cuartel de bomberos Recoleta de la Policía Federal, sufrió la fractura de una muñeca cuando se derrumbó la loza sobre la que realizaba una inspección para instalar una línea de manguera para atacar las llamas.
Habían pasado pocos minutos de las 5 cuando el comisario se cayó siete metros y tuvo que ser trasladado de urgencia al hospital Churruca-Visca. En ese momento, la alta combustibilidad de las mercaderías almacenadas en los depósitos y la ventilación que permitía el ingreso de oxígeno habían convertido el edificio en una trampa de fuego y hierros retorcidos.
"Había que mirar muy bien dónde se pisaba porque, en algunos pisos, las losas tuvieron una oscilación de hasta treinta centímetros. Afortunadamente, el comisario Bonahora Igarzábal no sufrió ninguna lesión de gravedad y, por lo que me informaron, en las próximas horas dejaría el hospital", dijo el comisario inspector Omar Bravo, jefe de la Zona I de la Superintendencia de Bomberos de la Policía Federal, quien estuvo a cargo del operativo.
En 1981, Bravo había experimentado una situación similar. Se desempeñaba como oficial ayudante y estaba en su segundo año como bombero, cuando llegó a la fábrica de colchones situada en Camargo y Scalabrini Ortiz, en Villa Crespo. Minutos después de entrar en la fábrica, se derrumbó la losa del primer piso y fue sepultado por los escombros. Sobrevivió y le llevó un año recuperarse. Por tal motivo, no deja de conmoverse cuando uno de sus hombres sufre algún accidente.
Recordó que en la Capital hubo otros incendios que tardaron más tiempo en extinguirse. El jefe policial señaló los casos de la desaparecida fábrica Aguila Saint, en Barracas, y el de un supermercado de Belgrano, en los que los bomberos tuvieron que trabajar durante una semana hasta poder apagar totalmente las llamas.
"En el caso de este incendio, el peligro estuvo en los derrumbes y en el fuego muy violento con llamas envolventes que se agigantaban debido a que había mercaderías acopiadas en las escaleras, un lugar que debería estar libre para evacuar el edificio", explicó Bravo.
Por Gustavo Carabajal
De la Redacción de LA NACION
La Nación
Miércoles 20 de Febrero de 2008