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Los choferes de larga distancia denuncian presiones de las empresas y falta de control
Dicen que las compañías alteran los velocímetros para que vayan más rápido
En la estación de ómnibus de Retiro, ningún cambio es visible. Pero el rastro del horror está en el aire. En la angustia y en las críticas infinitas de los choferes de larga distancia. Que aseguran que las culpables de las pérdidas de bebés, niños, adolescentes y adultos son la desidia, la ambición y la codicia.
Ninguno de los choferes consultados por Clarín en la terminal quiso revelar su identidad, pero coincidieron en que, en el sistema de transporte de pasajeros de larga distancia, "flotan los sapos" y nadie se hace cargo de ellos. Sin grandes diferencias de opinión, apuntan a la falta de controles del Estado, y a las presiones constantes de las empresas.
"En el interior del país, no hay ningún control. Es verdad que allá se dibujan las planillas. Vos llegás después de un viaje largo con la idea de descansar y te dicen: ''No. Tenés que viajar de nuevo''. No te queda de otra", comentó un chofer de La Estrella Argentina.
En la Comisión Nacional de Regulación de Transporte (CNRT) negaron la falta de controles. "Tenemos delegaciones en casi todo el país. No nos consta que se ''dibujen'' las planillas. Puede haber excepciones, pero las desconocemos. Hay guardias permanentes en todos lados, pero los choferes siempre se quejan", comentaron voceros de la CNRT.
Sobre los empresarios, los choferes apuntan que transgreden todas las normas. "En el velocímetro marca 90 kilómetros por hora, pero nosotros sabemos que vamos a 100 o 110 porque los empresarios lo arreglan. Si vamos despacio tienen que pagar por más horas, o darnos más descanso. O contratar más choferes", reveló uno de los conductores de Flecha Bus, que en un principio se negaba a hablar porque sostiene que los medios "apuntan las balas contra los choferes". Luego disparó: "La mayor parte de la responsabilidad es del Gobierno y de las empresas".
En tanto, los empresarios se defienden y dicen que no les consta ese tipo de cuestiones. "A veces nos cuesta concientizar a los choferes de que no pasen los 90 kilómetros por hora. No sólo por la seguridad de los pasajeros, también por temas legales de las empresas. Tampoco sé qué empresa no respeta los descansos. Tal vez esto tenga un trasfondo sindical. Ellos piden las ocho horas de jornada", dijo Daniel Millaci, de la Cámara Empresaria de Autotransportes de Pasajeros.
Los gremialistas tampoco quedan exentos de las críticas. Los clasifican en dos grupos. "Estan los que también son accionistas de las empresas y siempre van a pelear para que los empresarios ganen más —señaló otro chofer de La Estrella Argentina—. Y los delegados que quieren ganar la próxima elección y pelean para que los choferes ganemos más plata haciendo más horas extra, a pesar de no descansar". Las autoridades de la Unión Tranviaria Automotor (UTA) no respondieron los llamados de este diario.
El dilema más horas—menos descanso no representa ninguna contradicción para los que necesitan más ingresos. "Si por 192 horas mensuales —lo reglamentario— ganás un básico de 1.950 pesos, ¿cómo hacés para vivir? Tenés que trabajar horas extra", explicó un conductor de Flecha Bus.
Los choferes de Nuevo Expreso, en tanto, afirman que sólo manejan "192 horas por mes". También le achacan la culpa al sistema, pero advierten que algunos choferes "no saben manejarse. Un mes cobran un sueldo y medio porque hicieron muchas horas extra y se compran algo fiado. Al siguiente sólo cobran un sueldo y no saben qué hacer", explican.
Nadie conoce mejor que un chofer su metier. Y ninguna de las hipótesis de los consultados sugiere que Javier Rodríguez (el conductor de El Rápido Argentino que cruzó con la barrera baja en Dolores) se haya quedado dormido. "¿Sabés qué pasa? Cuando manejás 20 horas seguidas llega un momento en que te preguntás: ''¿dónde estoy?'' —graficó un chofer de Nuevo Expreso—. Cuando viajás tantas horas, no sabés dónde estás, estás perdido". Una frase que le da más lógica al resto de las conjeturas. "No vio las vías o se descuidó", señaló un colega de Micromar.
Para otro chofer de Flecha Bus, la fórmula es simple: "Cuatro hijos me esperan en casa. Si me obligan a trabajar de más, renuncio". Pero esta posición se contrapone con lo que le sucede a la mayoría. "Yo tengo una beba de diez meses. Hace años que quiero renunciar pero, como no estudié, estoy pagando las consecuencias", se autoflagela con una angustia casi incontenible uno de sus compañeros.
Por: Pilar Ferreyra
Clarín
Miércoles 12 de Marzo de 2008