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El humo convirtió a Rosario en una ciudad fantasmagórica
La poca visibilidad afectó el puerto; fuerte olor a quemado
ROSARIO.- No hizo falta salir a la calle para saber qué había pasado, ni asomar la nariz por la ventana. Con respirar fue suficiente. Los rosarinos se dieron cuenta de que anoche el viento había cambiado de dirección y de que la ciudad había sido víctima del intenso olor a humo, una vez más, de los incendios de pastizales en las islas del Delta.
"No bien me desperté, sentí una picazón en la nariz que me hizo estornudar una y otra vez. «Es el humo», pensé, y salí al patio a ver cómo estaba el día, y no me había equivocado: era todo una sola nube, insoportable", contó a LA NACION Acelia Yrure, quien vive a unas pocas cuadras de la costa del Paraná, una de las zonas más afectadas por la humareda que en la mañana de ayer cubrió la ciudad.
Una densa cortina de humo blanco dificultaba la visión, tanto que las siluetas de los edificios se esfumaban a la distancia. No obstante, lo más molesto era el fuerte olor a quemado que impregnaba la ropa y el pelo.
Con el correr de las horas, la situación se agravó, sobre todo en los campos ubicados en los accesos al municipio linderos con el río Paraná. Debido a la baja visibilidad, se montó un amplio operativo de seguridad vial. No fue necesario interrumpir el tránsito, aunque se dispuso que en los sectores donde el humo era más denso los vehículos se desviaran a rutas alternativas. No se registraron accidentes.
"El viento empezó a rotar a las 8, cuando empezó a soplar desde el Este, y el humo se vino todo para la ciudad", explicó el titular de Defensa Civil de Rosario, Raúl Rainone. "De inmediato se tomaron las medidas de prevención habituales para estos casos -añadió-. Se alertó a los automovilistas sobre el estado de las rutas y se coordinaron acciones con las comunas vecinas."
El paisaje del microcentro rosarino era fantasmagórico. Algunos se cubrían la boca y la nariz con pañuelos; otros buscaban refugio en las galerías, y los automovilistas, a pesar de la temperatura templada, transitaban con las ventanillas bajas.
"Como todos los días, salí rumbo al trabajo por el bajo, pero no se veía nada, así que subí por Rioja y me metí por el centro, donde no había tanto humo, por los edificios", contó Marcelo Minicino, agente inmobiliario que habita en una de las torres de la costa. Y enfatizó: "Desde el balcón del departamento no se alcanzaba a ver la isla Victoria. Era todo una sola nube de humo".
Desde la costa rosarina, la visibilidad sobre el río Paraná era nula. Del puente Rosario-Victoria tan sólo se veían las luces. Las embarcaciones que cruzan a los trabajadores a las islas no pudieron zarpar hasta pasado el mediodía.
"A la mañana no se veía nada; no se podía cruzar; era muy peligroso", contó Bibiana Nogara, dueña del parador Punta Arenas, ubicado en las islas, frente a la ciudad.
Es habitual que los rosarinos sufran las consecuencias de la quemazón de pastizales en las islas entrerrianas. "Cuando pasa esto, se incrementan las consultas médicas en hospitales públicos por afecciones en las vías respiratorias", comentó el responsables de Defensa Civil. Y destacó: "La gravedad de la situación depende de cuánto tiempo se prolonga el fenómeno, aunque pocas veces fue tan agudo".
Por Ricardo Luque
Corresponsal en Rosario
Para turistas
- El humo que provoca la quema de pastizales llegó hasta las páginas de la guía de turismo Lonely Planet , una de las más consultados en el mundo. En su página de Internet, un título en rojo advierte: "Ciudad ardiente". "Como resultado de los incendios que se produjeron cerca de la ciudad durante los últimos días, Buenos Aires está cubierta por un humo pesado", describe el sitio y realiza recomendaciones para alérgicos.
La Nación
Sábado 26 de Abril de 2008