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Hay cada vez menos noches frías

Lo revela un análisis de investigadores sobre los registros meteorológicos de 1959 a 2003

Desde 1959 disminuyeron las noches frías a lo largo del año, según un estudio realizado en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA). Esa caída es más marcada entre marzo y octubre.

Para la doctora Matilde Rusticucci, profesora del Departamento de Ciencias de la Atmósfera de la citada facultad e investigadora del Conicet, "Estos resultados indican una mayor extensión de la época cálida".

Claro que cabe preguntarse, entonces, ¿qué se considera noche fría?

"Para cada localidad hay un valor umbral a partir del cual se considera que la noche es fría o cálida", explica la doctora Mariana Barrucand, que en su tesis doctoral analizó en forma detallada el registro de las temperaturas entre 1959 y 2003. Ese umbral depende de la localidad y del mes del año considerado, y se define en términos estadísticos.

Un ejemplo ayudará a aclararlo. En la localidad de Ezeiza, la media para octubre es de casi 16º centígrados (21,7ºC de máxima y 10,1 ºC de mínima). Las investigadoras califican como "noche fría" aquella que tenga una temperatura mínima inferior a 4ºC, y "noche cálida", una temperatura mínima superior a 15ºC. Pero si el mes estudiado es enero, mínimas menores a 12ºC ya son consideradas "frías".

"Lo que se ve es que hace cuarenta años se tenía el 35% de noches frías, mientras que ahora el número es inferior al 5%", subraya Barrucand.

En otras palabras: antes, el 35% de las noches de octubre eran frías, y ahora, menos del 5%. También se observó un mayor número de noches cálidas. En efecto, antes se registraba un 10% de noches cálidas, mientras que ahora se observa un 30%, sobre todo en octubre y marzo, lo que confirma que el verano se está extendiendo.


Rarezas de julio


Si bien a lo largo del año los meteorólogos observan que se registra una disminución de las noches frías y un aumento de las noches cálidas, en julio sucede lo contrario: aumentaron las noches frías y disminuyeron las cálidas.

Estas rarezas no tienen todavía una explicación, pero, para los investigadores, no contradicen el cambio climático.

El hecho de que disminuyan las noches frías es una evidencia más del cambio climático. Si la temperatura dependiera sólo de la radiación, durante la noche no se vería tanto cambio.

"El efecto es que no llega a bajar la temperatura durante la noche", confirma Rusticucci, directora de la tesis de Barrucand. Durante el día, la Tierra "gana calor" por efecto de la radiación solar, y de noche lo pierde. Pero el aumento de los gases de invernadero en la atmósfera dificulta esa pérdida de calor nocturna.

Lo cierto es que hay menos diferencias entre el día y la noche, y ello se observa en casi todo el país. Es decir, está disminuyendo la amplitud térmica. Pero estos cambios se dan también en otras regiones del planeta.

El estudio realizado por Barrucand se basó en los registros diarios de temperatura de cuarenta estaciones meteorológicas de todo el país, pertenecientes al Servicio Meteorológico Nacional.

El análisis no fue sencillo, pues fue necesario aguzar el ingenio para detectar posibles errores o imprecisiones "ocultas" en esos registros.

Además, la investigadora no sólo estudió las variaciones en la temperatura, sino que también analizó los cambios en la nubosidad. Las nubes siempre ayudan a disminuir la amplitud térmica, porque actúan como una barrera que, durante la noche, evita que la temperatura baje demasiado por pérdida de la radiación de onda larga que emite la Tierra, y durante el día, disminuye la radiación solar (de onda corta) que llega a la superficie de la Tierra.

"Si bien no encontré un aumento muy marcado de nubosidad a partir de datos observados en algunas estaciones de referencia, los casos significativos estaban claramente relacionados con un incremento de la humedad", relata.


Salud y confort


Por su parte, Rusticucci sintetiza: "Estos cambios registrados en la Argentina se relacionan con modificaciones en la circulación global de los vientos, lo cual se vincula al cambio climático".

Está claro que el calentamiento global no implica sólo un aumento de temperaturas, sino también el cambio de otras variables, como la circulación de la atmósfera, el aumento de la humedad en determinadas zonas geográficas y mayores sequías en otras.

Según Rusticucci, esta disminución de las noches frías tiene consecuencias para la salud y el confort. Lo cierto es que el cuerpo no llega a descansar lo suficiente. Además, hay consecuencias en lo que respecta al gasto de energía, pues se hace un uso más intensivo de los equipos de aire acondicionado.

Sin embargo, también hay efectos beneficiosos. Son los que reciben las plantas frutales y las flores, por la disminución de las heladas.

Por Susana Gallardo
Para LA NACION
Centro de Divulgación Científica, Facultad de Ciencias Exactas y Naturales
Universidad de Buenos Aires (UBA)

La Nación
Miércoles 7 de Mayo de 2008

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