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A un año de la explosión, una familia todavía espera justicia

Andrés Pereira fue uno de los 7 muertos al estallar una fábrica en Virrey del Pino

La familia Pereira camina entre los escombros. Pisa las ruinas. Los pasos son lentos. Los pies chocan contra los envases vacíos de desodorantes de ambiente, de insecticidas, de aguanieve y de otros productos; todos están sucios de hollín. El silencio es interrumpido por los llantos. El recuerdo de la tragedia está presente. Todos se emocionan.

En Amancay al 5100, en Virrey del Pino, partido de La Matanza, donde ahora sólo hay pedazos de mampostería y envases quemados, estaba instalada la fábrica Aerosoles Argentinos SA, que el 9 de mayo del año pasado explotó y provocó la muerte de siete personas.

Allí, en esa fábrica, propiedad de Norberto Zon, trabajaba Andrés Pereira, de 26 años. El joven, vecino del lugar, esa trágica mañana salió vivo del infierno, pero murió después de 12 días de agonía. Fue la última víctima. Las otras personas murieron en el acto.

Un año después, su familia continúa desconsolada. Sufre su ausencia y la falta de justicia. "Era un ángel. No tenía enemigos", dicen a LA NACION Rosa y Roberto Pereira, padres del joven fallecido. Ocho meses antes de la muerte de su hijo, Roberto perdió la vista en un accidente de tránsito.

María Cristina Pereira es tía de Andrés. Ella no se cansa de caminar los pasillos de tribunales bonaerenses y porteños para conocer detalles de las causas judiciales. "Zon era el responsable de la vida de sus empleados y las arrojó al fuego al hacerlos trabajar en condiciones ilegales e infrahumanas", sostiene.

El hecho ocurrió a las 8.40 del 9 de mayo del año último, cuando una fuerte explosión en el sector, donde se cargaban los aerosoles, desató una sucesión de detonaciones en cadena, hasta que explotó parte de los productos envasados y varios tubos de gas del sector de empaque. Todas las víctimas eran trabajadores que vivían en cercanías de la fábrica.

"La responsabilidad es de todos: de los funcionarios que no controlaron nada; de Zon, que tenía a sus empleados en forma irregular. Los tenía en negro y los hacía trabajar más de 20 horas. Para que no salieran ponía candados en las puertas", agregó la tía.

Esa mañana, Carlos Pereira, el hermano menor de Andrés, se despertó por las explosiones. Cuando le avisaron que todo había ocurrido en la fábrica, comenzó a correr. "De pronto, siento que me llaman. Era él; tenía fuego el cuerpo. Me dijo que no me preocupara, que iba a salir adelante", recuerda.

Carlos pisa los escombros y pregunta con una tímida curiosidad a su primo Daniel Pereira -que también trabajó en la fábrica- dónde estaba su hermano en el momento de la explosión. Daniel, sin dudar, le señala el lugar. Entonces, Carlos rompe en llanto. Su primo lo abraza. Rosa se suma al abrazo y al llanto.

Andrés Pereira sufrió quemaduras en el 85% de su cuerpo. Estuvo en coma farmacológico. Falleció el 21 de mayo último, en el sanatorio Santa Isabel, de Flores, adonde lo trasladó la ART. Pero su familia afirma que la relación de Andrés con la ART es irregular. "El estaba en negro, así que de ninguna manera podía estar afiliado a la aseguradora. Lo inscribieron el mismo día de la explosión. El último sueldo se lo entregaron en un sobre. ¿Eso es estar en blanco?", afirma María Cristina.

La familia Pereira siente que el caso quedó en el olvido y está preocupada porque sospechan que no habrá justicia. También siente un malestar importante porque Zon fue excarcelado. "El dueño de la fábrica fue detenido con el cargo de homicidio culposo. Luego, la carátula fue cambiada por la de estrago doloso, para finalmente, en período de feria judicial, volver al de homicidio culposo y fue excarcelado previo depósito de títulos de propiedad por 300.000 pesos, valor que no tienen los terrenos de la fábrica", afirma la tía.

La familia dice que unos allegados a Zon -que LA NACION no pudo ubicar- le ofreció dinero para retirar la demanda. "Quisieron pagar 50.000 pesos en efectivo y 700 mensuales de por vida, pero les contestamos que no, que la vida de Andrés no tiene valor [monetario]", agrega.

En los paredones de lo que era el ingreso en la fábrica se lee "Espinoza asesino [por Fernando, intendente de La Matanza]" y "Jessica Gómez. Presente. 9/5/07 [por una de las víctimas]." La familia camina para regresar a su casa. Se escucha a la madre de Andrés decir: "Dios mío".

Por Gabriel Di Nicola
De la Redacción de LA NACION


La Nación
Lunes 12 de Mayo de 2008

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