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Presión por el diálogo
Si la estrategia de los dirigentes ruralistas fue profundizar las fisuras que hay en el peronismo ante el conflicto del campo, ayer comenzaron a verse los primeros resultados concretos de una realidad que la Casa Rosada se niega a aceptar: el reclamo de diálogo con el agro que hicieron sus propios gobernadores e intendentes.
La diferencia explícita de diversos referentes del PJ respecto de la postura intransigente de los Kirchner creció en las últimas horas de manera proporcional al hermetismo y a la negativa a negociar que impuso el Gobierno.
Con la excepción del gobernador bonaerense, Daniel Scioli, la mayor parte del bloque de mandatarios provinciales de signo peronista recibió ayer a los dirigentes del campo y empezó a modificar levemente su discurso. No lo hicieron con el deseo intencional de desacreditar a la Presidenta y a su esposo. Lo expresaron por una razón de fuerza mayor: los tractorazos ya golpean fuerte en sus despachos y pueblos y no quieren que una espiral de violencia se torne imparable. Tampoco aceptan que los votos que obtuvieron en 2007 y esperan volver a captar en 2009 se les escurran de las manos.
Así, el gobernador de Entre Ríos, Sergio Urribarri -uno de los kirchneristas más puros-, reclamó una "revisión" de las retenciones para los pequeños chacareros de su provincia. Presionado por sus intendentes, Urribarri envió una nota al secretario de Agricultura en la que planteó su reclamo para "corregir efectos no deseados".
Las puertas de la gobernación de Salta también se abrieron para las entidades del campo, al igual que lo hicieron los mandatarios de La Pampa, Oscar Jorge, y de Córdoba, Juan Schiaretti. En este caso, la postura del cordobés no cambió mucho desde que se inició el paro. Siempre buscó el diálogo para la solución del conflicto y ayer volvió a exigir que bajen las retenciones. También pidió al agro que levante de inmediato el paro, un gesto que no cambiará la frialdad con que lo tratan en la Casa Rosada. Aunque a estas alturas a Schiaretti este tema no le quita el sueño porque sabe que muchos gobernadores apoyan su posición dialoguista.
El caso de Scioli es más complejo. Está presionado fuertemente por la Casa Rosada para mantener una postura intransigente con el agro y, a la vez, tiene el reclamo de los intendentes del PJ y de otras fuerzas en su puerta. Pero ayer Scioli hizo prevalecer la postura kirchnerista y se negó a recibir a las entidades del campo.
"No voy a negociar mientras haya paro. Y tampoco voy a aceptar que el campo me use para presionar al Gobierno", dijo a sus allegados el gobernador bonaerense. No son pocos los funcionarios de La Plata que creen que el conflicto del campo no desgastará la imagen de Scioli porque el 70 por ciento de los votos bonaerenses proviene del conurbano, que está ajeno al problema agropecuario. Pero hay un ala más realista del gobierno de Scioli que alertó sobre los problemas que podría acarrear en los centros urbanos el conflicto, sobre todo en lo referido al eventual desabastecimiento de productos o a una inflación imparable.
Para contrarrestar esta hipótesis, el Gobierno tiene una receta que le acercó a Scioli en las últimas horas. Desde este jueves, y durante varios días, el polémico secretario de Comercio, Guillermo Moreno, recorrerá varias comunas bonaerenses y entablará charlas con intendentes del PJ para "adoctrinarlos" sobre los mecanismos oficiales de control de precios.
Ayer se vio a un Scioli más apegado a la estrategia kirchnerista que a un ex motonauta asociado al diálogo. Habrá que ver si el plan de ir a "matar o a morir", como sugieren algunos hombres de la Casa Rosada en su disputa con el campo, no terminará erosionando la imagen del gobernador bonaerense, quien, justamente, ganó en las urnas por no pelearse con nadie.
A la vez, a Scioli lo amenazan algunos movimientos subterráneos del ex presidente Eduardo Duhalde, que en las últimas semanas comenzó a reclutar heridos en el PJ con la excusa de organizar su Movimiento Productivo.
En el Gobierno creen que aún hay tiempo para "manejar" la protesta del campo y dicen que los sectores levantiscos del agro se desgastarán más rápido de lo previsto. En cambio, varios gobernadores del PJ ayer demostraron que los tiempos están agotados, al igual que el modelo de confrontación kirchnerista. Y como contrapartida se animaron a abrir el diálogo sin temor a eventuales represalias de la Casa Rosada o de Puerto Madero.
Por Martín Dinatale
De la Redacción de LA NACION
La Nación
Martes 13 de Mayo de 2008