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Crecen las críticas a los productores de biocombustibles
Contundente reclamo del Vaticano
ROMA.- Una fuerte polémica sobre los biocombustibles marcó ayer el segundo y penúltimo día de la cumbre de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), que apunta a ponerle un freno a la actual y explosiva crisis alimentaria mundial.
Antes de partir hacia Nueva York, fue el mismo secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, quien, consciente de la existencia de grandes divisiones en el tema de los biocombustibles, destacó que es "clave" encontrar "consenso" sobre el etanol, que debe ser objeto de una "mayor investigación".
"Los biocombustibles son una de las causas de la crisis alimentaria, pero su impacto aún debe ser evaluado", dijo Ban en una conferencia de prensa, en la que también advirtió que es urgente actuar contra el hambre, un "enemigo" que puede provocar "rebeliones e inestabilidad".
Los países productores, como Brasil, Estados Unidos y algunos de la Unión Europea, defienden con uñas y dientes los biocombustibles. Sin embargo, sus críticos los demonizan por considerarlos culpables del aumento del precio de los alimentos.
Si bien por un lado se busca una alternativa a las fuentes energéticas tradicionales, por el otro también se intenta que esto no repercuta sobre las necesidades alimentarias. Y los expertos todavía no lograron ponerse de acuerdo sobre cuáles son los efectos y los peligros reales del uso de la bioenergía.
En medio de este debate, la gran sorpresa fue que el Vaticano se pronunció en forma contundente en contra de los biocombustibles.
"No es pensable disminuir la cantidad de productos agrícolas para colocar en el mercado de alimentos o para almacenar para tener reservas en caso de emergencias en favor de otros que sin embargo no satisfacen un derecho fundamental como es el de la alimentación", indicó un documento elaborado por el Pontificio Consejo de Justicia y Paz en ocasión de la cumbre.
En el texto, el Vaticano llamó a los "países avanzados" a reconsiderar "la oportunidad de la producción de las bioenergías en el actual contexto de escasez de productos agrícolas".
El análisis elaborado por el dicasterio que encabeza el cardenal italiano Raffaele Martino aconsejó un "uso correcto" de la biotecnología y la puesta a punto de reformas agrarias en países en vías de desarrollo como estratégicas para solucionar la crisis alimentaria.
El documento, en cambio, puso sobre el banquillo las políticas públicas de los mayores productores de biocombustibles, que "están desviando a través de incentivos y subsidios los terrenos del cultivo de bienes primarios al cultivo de combustibles de origen vegetal".
Pero no sólo se habló de biocombustibles ayer. El presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick, llamó a sellar un acuerdo internacional para reducir los límites a la exportación de alimentos, a los que describió como una de las causas principales de la suba de los precios.
"En la cumbre del G-8 [que se llevará a cabo en julio en Japón] debemos avanzar para poner en marcha una estrategia a largo plazo que nos permita duplicar la producción agrícola mundial en los próximos 30 años", dijo. "Pero ahora estamos en Roma, y en Roma podemos y debemos actuar", agregó.
Sus palabras no cayeron en saco roto. Los delegados de 187 países reunidos desde anteayer en la sede de la FAO aprobaron un plan de emergencia que destinará 1700 millones de dólares suplementarios para ayudar a la producción agrícola mundial. "Nuestra idea es actuar en 20-30 países, dando prioridad a Africa, con proyectos análogos a los que ya estamos desarrollando en Burkina Faso y Mauritania y trabajando tanto con los gobiernos como con las asociaciones de productores agrícolas", destacó el vicedirector general de la FAO, Hafez Ghanem.
Justamente, para ayudar a frenar el hambre en Africa, también se firmó un acuerdo entre la FAO, el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (IFAD), el Programa Alimentario Mundial (PAM) y la Alianza para una Revolución Verde, la organización que dirige el ex secretario general de la ONU Kofi Annan, quien viajó a esta capital para la ocasión.
Anoche, más de 500 delegados, ministros y viceministros de agricultura de todo el mundo trabajaban para poner a punto el texto de la declaración final de la cumbre.
Según trascendió, no incluirá una cifra económica que la comunidad internacional debería aportar, sino indicaciones concretas que deberían ser adoptadas para enfrentar la actual crisis alimentria.
En este marco, la delegación argentina luchaba para que hubiese en el texto un párrafo "fuerte" contra el proteccionismo y para que se eliminase otro que llama la atención a "los gobiernos que adoptan medidas como limitaciones o prohibiciones de las exportaciones".
Por Elisabetta Piqué
Corresponsal en Italia
La Nación
Jueves 5 de Junio de 2008