Ud. está en: Noticias > Cuatro horas de gritos, forcejeos y muy poco debate parlamentario

Cuatro horas de gritos, forcejeos y muy poco debate parlamentario

En la sala hubo productores enardecidos y simpatizantes de los dos sectores

"Ahora resulta que si pido por el campo y los productores, les saco la leche y la comida a los pobres. Acá hay que mirar a los gobernadores, que son unos traidores", gritó el productor de frutas Carlos Carrascós mientras su cara enrojecía por el enojo. "Les pido, señor Carrascós, que no utilicemos el agravio personal y que nos respetemos", contestó el kirchnerista Alberto Cantero Gutiérrez (FPV-Córdoba), en un intento por pacificar los ánimos, elevados hasta el infinito luego de cuatro horas de caos e interrupciones.

La segunda jornada de debate parlamentario del proyecto que pretende convalidar las retenciones móviles fue tan concurrida como la primera pero, por lejos, mucho más desordenada que la de anteayer, cuando los representantes de las entidades del agro pudieron sentar posición.

Hubo algunas irrupciones estelares, como los gritos de guerra de Hebe de Bonafini, la titular de Madres de Plaza de Mayo; la avasallante llegada del piquetero Raúl Castells, y los gritos de Carrascós. Fueron las postales de una tarde que, dentro y fuera de la calurosa y concurrida sala de la comisión, mostró con claridad las disidencias que aún separan a los protagonistas de esta trama.

De buen ánimo, Castells llegó, junto con el líder de la Corriente Clasista y Combativa, Juan Carlos Alderete, a la cabeza de una numerosa manifestación. Luego de reunirse con el bloque radical que encabeza Oscar Aguad (Córdoba), Castells y Alderete fueron frenados por una valla que impedía la entrada en la sala de reuniones. Resueltos, piqueteros y productores empujaron a los guardias hasta que lograron entrar. "Esto lo pago yo, déjenme pasar", gritaban cerca del carismático Castells.

Dentro del recinto, la convivencia no era más armónica. "¡Dejame hablar, Cantero, por favor!", gritaba el jefe del bloque de Pro, Federico Pinedo, cuando el presidente de la comisión desoía los pedidos opositores.

La actividad era febril. Cruzando la calle, y en su despacho de la presidencia del bloque kirchnerista, Agustín Rossi recibía durante dos horas a dirigentes del agro, a productores de Firmat y a todo quien le pidiera audiencia. En defensa de la posición oficialista, Bonafini prometió "resistir" y no dar "ni un paso atrás", mientras los diputados opositores la miraban, incrédulos.


El otro De Angeli


El lugar de Alfredo De Angeli, mudo al fondo de la sala, lo tomó Carrascós. "¿Adónde nos quieren llevar? Si estas retenciones no cambian, no vamos a estar más", gritó. Había llegado en colectivo desde Cipolletti. "Tengo 18 hectáreas, soy autoconvocado; ni kirchnerista ni anti -dijo a LA NACION-. En este momento, el gobernador Saiz [Miguel] está anunciando la extensión de las retenciones por 10 años. ¿Cómo no me voy a enojar?"

Después de cuatro horas de gritos y discusiones, no quedaba demasiado optimismo. "Estemos tranquilos. ¿Yo, que pienso distinto a ella, la voy a agredir?", se quejaba Claudia Herrera, del Frente Campesino, y miraba a la diputada mendocina Laura Montero. Al rato, los empleados del Congreso apagaron las luces y postergaron los debates hasta hoy.

Por Jaime Rosemberg
De la Redacción de LA NACION


La Nación
Miércoles 25 de Junio de 2008

Visite nuestros contenidos de
IMPACTO AMBIENTAL