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Cromagnon: obstáculo injustificado

El epílogo de 2004 fue muy amargo para los argentinos. El incendio del local República de Cromagnon, ocurrido durante las últimas horas del 30 de diciembre, y el pavoroso saldo de 194 muertos, casi todos adultos muy jóvenes, adolescentes y hasta niños de corta edad, ensombrecieron y sepultaron en la congoja y el dolor los festejos por el fin de un año y el comienzo de otro.

Pero ni siquiera la magnitud de esa tragedia, producto de una inexcusable conjunción de omisiones y corrupción que la Justicia todavía debe terminar de esclarecer para identificar a los responsables y, si así correspondiera, punirlos, puede excusar la perdurabilidad de la barrera que obstruye el paso por la calle Bartolomé Mitre. Suerte de precario monumento recordativo, improvisado por una parte de los familiares de las víctimas desde poco después de ese luctuoso episodio.

Se trata de la valla de seguridad instalada por la Policía Federal para impedir el paso por delante del local incendiado durante un lapso prudencial. Ese obstáculo, igual que las paredes del inmueble accidentado y un callejón adyacente, está cubierto por calzados, remeras, fotografías, carteles alusivos y otros objetos. Según la pretensión de familiares de los fallecidos, la barrera debería quedar allí como recordatorio del hecho trágico.

La arteria en cuestión no es una vía apartada o de tránsito escaso. Por el contrario, a poco desemboca en la plaza Miserere y la adyacente terminal ferroviaria de la ex línea Sarmiento. Prolongación virtual de la avenida Avellaneda, era uno de los principales accesos a la zona céntrica para el tránsito automotor proveniente del oeste de la ciudad y del conurbano bonaerense. Además, por ella circulaban diversas líneas del transporte público de pasajeros. Todo ese intenso flujo debe hoy desviarse varias cuadras, con las molestias consiguientes, que también afectan al vecindario.

Esos perjudicados han hecho pública su aspiración de que la barrera sea removida y el paso vuelva a la normalidad. El grupo de los familiares más empeñados en mantener vivo el recuerdo de sus desaparecidos se niega a que sea satisfecha esa razonable aspiración. Esos pareceres encontrados han provocado encendidas discusiones e ingratos incidentes.

Huelga subrayar que la subsistencia del dolor es comprensible, mas en modo alguno puede serlo el empecinamiento empeñado en la defensa de una irregularidad que atenta contra el sentido común y la ley. Nadie puede atentar contra el derecho de transitar sin impedimentos, consagrado en nuestra Constitución nacional. Tampoco hay explicación para las dificultades padecidas por el vecindario.

Si se pretende rendir un homenaje perpetuo, hay a la mano soluciones viables. Por ejemplo, no han sido objetados los testimonios colocados en las paredes del local en el que ocurrió el siniestro. Llegado el caso, hasta podría ser admisible que el gobierno porteño expropiase ese inmueble donde funcionó República de Cromagnon y requiriese la colaboración de los familiares para instalar dentro de él un museo destinado a recordarles a las generaciones futuras las tristes consecuencias de la corrupción y la ignorancia dolosa de las reglamentaciones vigentes.

Lo inaceptable sería la subsistencia de la situación actual. Quienes quieren honrar la memoria de sus muertos en forma tan peregrina e ilegal, deberían admitir sin más trámite la apertura de la calle. Esa conducta positiva y razonable sería uno de los mejores tributos que podrían rendirles a los seres queridos que allí perecieron y cuya trágica desaparición nadie debería olvidar.

La Nación
Martes 1 de Julio de 2008

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