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No sólo el oficialismo concentra a los inflexibles

Por Carlos Pagni Para LA NACION

"Nosotros somos opositores, no golpistas. No se presten a ningún acuerdo entre Duhalde y Cobos. Ya en 2001 me invitaron a un gobierno de unidad nacional con la coartada de que había que detener los saqueos, y me negué. Ahora están en la misma maquinación con la excusa del campo, y nosotros no podemos entrar en eso."

Así habló ayer Elisa Carrió ante los diputados de la Coalición Cívica para impedir que adhirieran al proyecto de ley encabezado por los radicales K de Laura Montero, los neoex-duhaldistas encolumnados detrás de Felipe Solá, los entrerrianos y cordobeses alineados con Jorge Montoya y el independiente Jorge Sarghini. La oferta de confluir en un proyecto común le llegó a Carrió a través de canales parlamentarios. Hasta Hilda "Chiche" Duhalde habría intentado, sin éxito, hablar con ella.

La líder de la Coalición Cívica insistió en que el único proyecto aceptable es la suspensión de la resolución 125. Esa postura reúne a 85 diputados de la UCR, Pro, el Frejuli y la Coalición. La tesis de que sólo cabe anular las retenciones móviles por su carácter inconstitucional y confiscatorio anuló ayer la posibilidad, imaginada al comienzo de esta semana por algunos radicales, de que la oposición se sume a los disidentes del kirchnerismo.

¿Podría ocurrir lo contrario, es decir que los disidentes del Gobierno adhieran al dictamen de aquellos 85 diputados si los Kirchner no consiguen los votos suficientes? Anoche era una incógnita crucial en el Congreso.

Solá y Montero se coordinaron desde el jueves de la semana pasada, como informó LA NACION. Para Carrió, esa convergencia proyectaría hacia el Congreso un acuerdo político menos tangible: el de Julio Cobos con Eduardo Duhalde. Una versión de los hechos que tal vez suscribirían los Kirchner.

Al levantar de manera tan nítida la bandera de la suspensión de la 125, los partidos de la oposición redujeron también el margen de la dirigencia agropecuaria para bendecir, aunque fuera con medias palabras, una versión atenuada de las retenciones que se aplicaron el 11 de marzo pasado, como la que imaginaron radicales K y peronistas disidentes.

Las entidades rurales, que buscan con ansiedad un argumento que saque a los productores de las rutas, no pueden lucir más complacientes frente al fisco que la oposición política.


Límite

También Alfredo De Angeli marcó un límite para el resto de la dirigencia agropecuaria.

El chacarero de Gualeguaychú prometió que si llega a detectar movimientos dialoguistas entre sus pares se abrazará a las columnas del templo. En las últimas horas, De Angeli demostró que, además de elocuente, es versátil. Dejó el sombrero de piquetero y se calzó el de lobbista. Instalado en la Capital Federal y con la guía de Héctor Maya y de Luis Etchevehere, recorrió infinidad de despachos y participó de mil conciliábulos. Un trajín impiadoso para los encargados de vigilar sus movimientos.

La táctica de De Angeli fue simple: "A la oposición ya la tenemos. Ahora hay que restarle votos al Gobierno". Con esa premisa llegó anteanoche, junto a otros productores, hasta el despacho de Luis Barrionuevo, en el sindicato de gastronómicos. Imperdible reunión entre dos grandes del aforismo.

Barrionuevo intentó convencer a De Angeli de la conveniencia de apoyar una posición intermedia entre la convalidación que pretende Kirchner y la suspensión que busca la oposición. Pero el chacarero se mostró inflexible: "Yo no puedo volver a Gualeguaychú con menos que la suspensión. Voy a ser responsable; no quiero incendiar el país, pero no puedo convalidar cualquier cosa".


Presión oficial

Lo mismo dijo en la última asamblea de la Federación Agraria. Aunque esa vez no fue para diferenciarse de los legisladores duhaldistas, sino para bloquear cualquier negociación de Eduardo Buzzi con el oficialismo.

La presión de la Casa Rosada sobre Buzzi ha sido extrema en las últimas semanas. Sobre la Federación Agraria pesa la amenaza oficial de que se le retire la facultad de extender las cartas de porte del comercio de granos. Ese trámite habilita ingresos sin los cuales la entidad se vería en problemas hasta para pagar los sueldos.

Para De Angeli ese peligro es anecdótico. Y Barrionuevo se resignó ante esa inflexibilidad. Tal vez él mismo, sin quererlo, la alimentó cuando le dijo al chacarero: "Alfredo, vos lograste el sueño de todo político: que te quieran. Nosotros no podemos andar por la calle y a vos te paran para besarte. No los entregues".

La Nación
Viernes 4 de Julio de 2008

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