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Cromagnon: los que buscan condenar a los gobiernos
Son padres de una víctima, a cargo de la única demanda civil
Ellos son los únicos que pueden lograr que los gobiernos nacional y porteño sean condenados en el juicio penal que acaba de comenzar por la tragedia en República Cromagnon. Son los integrantes de una pareja de padres que demandan a ambos estados por no haber controlado adecuadamente los locales bailables y haber evitado con ello la tragedia.
Se trata del matrimonio integrado por Alberto y Susana Urcullu, quienes perdieron a su hija María Sol, de 21 años, en 2004, cuando ocurrió la tragedia que se cobró 193 vidas.
Estos padres, vecinos de Adrogué, son los únicos actores civiles de este juicio, es decir, las personas particularmente ofendidas por un delito penal que reclaman una condena civil por el perjuicio que les provocó la muerte de su hija.
Sobrevivientes y familiares de otras víctimas ya iniciaron demandas civiles y esperan activarlas en un juzgado de ese fuero luego de que concluya este juicio penal, con la casi certeza de ganar si hubiere condenas.
Lo curioso de este matrimonio es que se adelantó al resto al presentar su reclamo civil, consistente en una indemnización de 121.600 pesos. Para hacerlo, debió depositar el 3 por ciento de aquel monto como tasa de justicia.
La pareja se arriesga patrimonialmente porque, en caso de perder, se exponen a pagar las costas del proceso a cada uno de los demandados, que son el gobierno nacional, el porteño y todos los acusados.
Pero aseguran que no hacen esto por dinero, sino porque entienden que es la única manera de que en el mismo proceso donde Omar Chabán, los integrantes del grupo Callejeros, ex policías y ex funcionarios del gobierno porteño se exponen a recibir penas de prisión por delitos, el gobierno nacional y la ciudad sean igualmente responsabilizados.
Alberto Urcullu es abogado y se planteó estar en el juicio desde el primer momento, pero no logró convertirse en cabeza de querella -sumar más demandantes a su reclamo-, como sí lo hizo su colega José Iglesias, padre de otro chico muerto, Pedro.
"El tribunal que juzga delitos también va a tener que determinar cuál fue la responsabilidad civil de la ciudad y del gobierno nacional, porque no cumplió con su función de controlar a los funcionarios. Hay una gran falla en la obligación de control", explicó Urcullu a LA NACION. Sentado en un bar, frente a la Legislatura porteña, junto a la foto de su hija María Sol y a su esposa, recordó lo que fue la medianoche del 30 de diciembre de hace casi cuatro años.
Recuerdo imborrable
María Sol, estudiante de segundo año de Trabajo Social en la Universidad de Lomas de Zamora, había ido a ver a Callejeros con sus amigos del barrio, pero no volvió. Una amiga de la chica llamó a los Urcullu y les advirtió que se incendiaba Cromagnon. La fueron a buscar y esa madrugada la encontraron en la morgue del Hospital Italiano. Identificaron el cuerpo, pero el cadáver de María Sol se perdió y terminó en la morgue de la Chacarita como una NN. Una vez más fueron a buscarlo y tuvieron que volver a reconocerlo. Sólo entonces lo recuperaron. Pudieron velar a su hija e inhumarla, a tres días de la tragedia.
En la sala de audiencias Urcullu está sentado del lado del blindex donde están los querellantes, los defensores y los acusados. Es un rincón, alejado de todos. En el otro extremo se sientan los abogados de los gobiernos porteño y nacional que deben responder su demanda.
"Lo que ocurrió no es sólo responsabilidad de los acusados que están sentados allí, de los ex funcionarios, de la banda o de Chabán; también hay una culpa estructural de los gobiernos que no controlaron, y una condena en este juicio es la única manera de hacerlo evidente", explica el abogado, en su doble condición de familiar de una víctima y de letrado.
"Cromagnon no ocurrió por la culpa de una persona, sino de un sistema que no controló a quienes debían ser controlados", explicó con aparente serenidad. El abogado debió suspender su trabajo por el tiempo que insuma el juicio, mientras su esposa sigue trabajando para mantener la casa.
El matrimonio atraviesa el juicio como un vía crucis: "Es muy difícil. Nos da fuerza estar todos los padres juntos. Cuando uno se cae, otro lo ayuda. Estamos todos juntos en busca de justicia", dijo Susana, y ya no pudo hablar más por el intenso dolor que le produce el recuerdo.
Por Hernán Cappiello
De la Redacción de LA NACION
La Nación
Miércoles 27 de Agosto de 2008