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Suspenden el juicio por Cromagnon: Chabán recusó al tribunal
Exaltado, dijo que eran jueces parciales
Exaltado y lloroso, Omar Chabán dijo que se sentía ya "condenado" por los integrantes del tribunal que lo juzga por la tragedia de Cromagnon, donde murieron 193 personas, y por eso pidió que se apartaran. Sorpresivamente, ante ese reclamo del principal acusado, el juicio oral y público más esperado de los últimos tiempos quedó suspendido.
La de ayer fue una audiencia de altísima tensión, en la que no faltaron ásperas discusiones entre el acusado y la presidenta del tribunal, María Cecilia Maiza, y elucubraciones filosóficas y reclamos varios del ex gerenciador del local de Once. Por ejemplo, dijo que también deberían estar sentados en el banquillo de acusados el ex jefe de gobierno porteño Aníbal Ibarra, los dueños de Cromagnon, "los tres descerebrados que prendieron las bengalas", los responsables de la habilitación municipal y el personal del SAME que atendió a las víctimas.
"¡Soy un chivo expiatorio! ¡Es delirante que un idiota, un paria como yo, tenga que asumir la responsabilidad del Estado!", se exaltó Chabán, y comparó a la Argentina con un "banana club", donde todo vale, "pero sin bananas". Ahora, el superior jerárquico del tribunal, la Cámara de Casación Penal, debe decidir si acepta el planteo del acusado o si, como lo entendieron los jueces, no hay razones para hacerse a un lado. Tiene 48 horas hábiles para hacerlo y un plazo máximo de diez días para que el juicio se reanude.
Los tiempos para resolver el conflicto son cruciales, y una demora puede hacer que "se caiga" el juicio oral. La ley dice que un juicio oral no puede estar suspendido más de diez días hábiles, por lo que la Cámara de Casación debe resolver antes del 29 de este mes.
Si rechaza el pedido de Chabán, como todo hace prever, seguirá el proceso, sin trabas. Pero si deja pasar el tiempo o acepta el planteo, el juicio es nulo y hay que volver a empezar.
Ayer fue el día en que Chabán eligió declarar para defenderse. Cargado con dos bolsos, un sobre de papel madera y un ejemplar del Código Penal, que trasladó hasta el estrado en varios viajes, se aprestó a hablar.
Con el cabello canoso ya crecido luego de haberse rapado a comienzos del juicio, se quitó la campera de jean, se colocó los anteojos y disparó: "No estoy preparado para este ámbito. Este lugar está lleno de elementos simbólicos, opresivos, con un sobrepeso en este espacio por la relación con los crímenes de lesa humanidad".
Es que el juicio se desarrolla en la sala de audiencias de la Cámara Federal donde fueron juzgados los comandantes de la última dictadura militar. Después, habló de "símbolos masónicos" para referirse a la boiserie de madera oscura que adorna la sala, donde se destaca un vitraux con el gorro frigio, que apenas deja pasar la luz, y un crucifijo.
En su errático discurso, atacó a los medios de comunicación por entender que tienen una "actitud criminológica" y definió a la Justicia como una "maquinaria macabra".
Chabán, no obstante, se mostró temeroso de contrariar a la presidenta del tribunal y le pidió disculpas varias veces, pero no se privó de hablar de la "teatralidad" del proceso penal.
Citó Vigilar y castigar de Foucault y se comparó con Sócrates cuando fue enjuiciado y sentenciado a muerte, mediante la ingestión de cicuta. Para entonces, la jueza Maiza perdía la paciencia, pero lo dejaba seguir, pues Chabán tenía derecho a hablar para defenderse. Claro que con los límites que le fija el Código Penal, es decir, para refutar las acusaciones en su contra.
Chabán afirmó que el principal culpable de la tragedia era el poliuretano que cubría el local, que -dijo- despidió el letal ácido cianhídrico que intoxicó a las víctimas. Levantó la voz: "¡No sé por qué estoy acá, cómo un simple idiota como yo puede asumir toda la responsabilidad del Estado! Es un delirio". Y siguió. ¿Dónde está, aunque sea, un muñeco de [Aníbal] Ibarra, el de [Rafael] Levy, dueño del local, el de los dueños de la sociedad Lagartos (a nombre de quien estaba la habilitación). El único idiota soy yo".
Por eso, insistió en que la causa estaba incompleta, aunque reconoció sentirse culpable no penalmente sino "de manera metafísica" por "el peso de muertos". "¿Dónde está Ibarra con su relación corrupta con el señor Levy. Yo estoy respondiendo cosas que no me incumben", siguió.
Después del receso, la jueza Maiza le recordó que se ciñiera a las acusaciones. Pero Chabán le retrucó que eso era una "trampa". Aún temeroso de perder la libertad, les reprochó: "¡Me engañaron, me quemaron el lugar y ustedes deberían estar defendiéndome, si esto no fuera un banana club! No entiendo el rito teatral, digo jurídico, disculpe si le cae mal", le dijo a la jueza Maiza.
"No importa si me cae bien o mal. No es ocasión para que hable de la sociedad o de los periodistas, es la oportunidad para rebatir los hechos que se le atribuyen", le retrucó la magistrada. "No me escucha", se quejó Chabán. "Yo no le voy a permitir", le contestó la magistrada.
La situación se ponía violenta y el fiscal Jorge López Lecube sugirió que el acusado consultara con su abogado Pedro D Attoli para que le explicara los límites de los temas de su declaración.
"Dilataron mi libertad"
Tras un breve conciliábulo, Chabán retomó la palabra. "Deseo que se aparten de la causa, porque cuando estaba preso en Marcos Paz ustedes dilataron mi libertad. El tribunal de Casación interpuso su relación de jerarquía y me dio la libertad. Ese prejuzgamiento, esa condena, me hace pedir su apartamiento de la causa", dijo.
Se hizo un receso para almorzar y, al regresar, Chabán y D Attoli se habían ido. Quedó en la sala Paz Treviño, otra letrada, esposa de su amigo Guillermo Silva. Le tocó argumentar sobre la recusación, pero poco pudo decir. El fiscal y los querellantes se opusieron. Los defensores se dividieron entre abstenerse de opinar o apoyar al fiscal.
Los jueces se fueron para deliberar y a las dos horas regresaron con una resolución: entendieron que no había motivos para la recusación, pero enviaron el DVD de la audiencia de ayer y las actas a la Cámara de Casación para que decida qué hacer.
Por Hernán Cappiello
De la Redacción de LA NACION
La Nación
Martes 16 de Septiembre de 2008