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Residuos hospitalarios sin recolectar
Ha llegado al conocimiento público que en algunos de los 33 hospitales de esta capital se acumulan residuos tóxicos que no son recolectados y que se van acumulando cotidianamente en espacios inapropiados, con riesgo para pacientes y el personal hospitalario que transita o comparte el espacio donde han sido ubicados. Esta cuestión, que naturalmente inquieta, se originó hace algunos meses y demanda una pronta solución, demorada desde el año pasado por razones presupuestarias y trabas burocráticas.
El punto de partida del problema fue determinado por el cierre de las plantas que, en la provincia de Buenos Aires, recibían esos desechos. A ello se agregó un recorte de las partidas previstas, decisión que se adoptó durante la anterior administración de la ciudad autónoma de Buenos Aires (CABA). Esto obligó a dejar sin efecto dos licitaciones con empresas dedicadas a la eliminación de los residuos.
El Ente Regulador porteño ha presentado ante las autoridades del Ministerio de Salud de la ciudad, en marzo último, un informe técnico en el cual se consignan, entre otros, los siguientes datos: en total, se han acumulado más de 70.000 litros de residuos líquidos en el conjunto de los hospitales de la CABA. Entre ellos se encuentran los hospitales Pedro Elizalde y Ricardo Gutiérrez, la Maternidad Ramón Sardá, Bernardino Rivadavia y Francisco Muñiz. Los residuos aludidos provienen de quirófanos, intervenciones anatomopatológicas, hemoterapia y radiología.
Un aspecto que agrava la situación es que los bidones en los que se han volcado los residuos líquidos no se hallan guardados en lugares que aseguren su aislamiento y, puesto que las salas de acopio están superadas, se han distribuido en lugares inadecuados, en algunos casos próximos al contacto con los pacientes o bien mezclados con desechos patogénicos, como gasas, algodones, drogas y restos orgánicos.
También se ha señalado la inconveniente colocación de esos bidones en áreas de estacionamiento en algunos casos. Así, son de temer derrames de líquidos tóxicos, como ocurrió en octubre de 2007 en el hospital Santojanni, felizmente controlado y sin efectos perjudiciales.
En verdad, ésta es la consecuencia de diversas gestiones en que la inversión en la administración hospitalaria y en el campo edilicio y de equipamiento ha sido baja y, a veces, nula. En la actualidad se observa un propósito de revertir esa situación a través de una financiación apropiada. Desde ya que las necesidades son muchas y urgentes, pero entre ellas la eliminación de residuos tóxicos es cuestión prioritaria que no admite postergación por los riesgos que involucra.
La Nación
Viernes 24 de Octubre de 2008