Ud. está en: Noticias > Los EE. UU. y el cambio climático
Los EE. UU. y el cambio climático
Es muy auspicioso que Washington haya decidido contribuir a reducir el efecto invernadero y dar, así, ejemplo al mundo
El flamante presidente norteamericano, Barack Obama, presentó las primeras medidas energéticas y medioambientales de su administración. Entre ellas, se emplazó a los fabricantes de automóviles a producir vehículos que arrojen menos gases de efecto invernadero, y a la Agencia de Protección Ambiental a examinar la posibilidad de conceder a alguno de los estados de ese país el derecho a imponer restricciones a las emisiones de gases emitidas por automóviles, que contribuyen al calentamiento global.
Se trata de un primer paso que quizá permita vislumbrar un cambio alentador e indispensable en la política ambiental de uno de los países que más han contribuido al cambio climático y que no ha ratificado el Protocolo de Kyoto. Este cambio es fundamental para reanimar un proceso que sufre un relativo estancamiento porque los países desarrollados no logran acordar medidas concretas tendientes a mitigar las emisiones de la producción industrial. En especial, considerando que, a fines de 2009, se celebrará en Copenhague la decimoquinta Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Cmnucc). Allí, los dirigentes del mundo tendrán la oportunidad de alcanzar los acuerdos necesarios para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero más allá del año 2012, en que vence la primera fase del Protocolo de Kyoto, y la posibilidad de comprometer a países cuyas emisiones no están limitadas, pero se encuentran en ascenso, como China o India.
Barack Obama también se ha pronunciado a favor de una reducción del 80 por ciento en las emisiones de gases de efecto invernadero para 2050, en coincidencia con el anuncio que el G-8 realizó el año pasado acerca de la intención de reducir en un 50 por ciento, para la mitad de este siglo, los gases que alteran la atmósfera, acuerdo que también tendrá que negociarse en Copenhague. Las emisiones de gases con efecto invernadero provienen principalmente de la quema de combustibles fósiles en plantas de energía, de fábricas y del uso de los automóviles, lo cual exigirá un verdadero cambio en nuestros hábitos, además de una transformación de esos sectores.
En un año de crisis financiera internacional, es también esperanzador que el plan de Obama prevea la creación de empleos relacionados con las nuevas energías y en el sector ambiental. Se trata de un anuncio que recuerda el Informe Stern, presentado meses atrás por el gobierno del Reino Unido, en el que se advertía sobre los posibles impactos económicos del cambio climático en caso de no controlarse el nivel de emisión de los gases de efecto invernadero y que destacaba la necesidad de una inversión equivalente al uno por ciento del PBI mundial para mitigar los efectos del cambio climático. El informe Stern aseguraba que el riesgo de no actuar podía producir una fuerte recesión económica que, como mínimo, implicaría pérdidas del 20 por ciento del PBI global.
Es auspicioso que un país como los Estados Unidos, que puede tener un claro liderazgo en un tema tan esencial para la vida del hombre en el planeta, asuma una postura que permita agilizar un sistema que se encuentra adormecido por pasos burocráticos y que aún no ha tomado conciencia de la importancia de lo que está en juego. Es muy positivo porque se trata de medidas que pueden movilizar a muchos otros países a reducir su contribución al efecto invernadero y a motivar una respuesta internacional basada en una visión compartida del problema: es indispensable promover una mayor eficiencia energética, el desarrollo de fuentes de energía alternativas y detener la deforestación, medidas que nuestro país debe implementar de inmediato, de manera seria y contundente.
El planeta está expectante por el posicionamiento de los Estados Unidos en materia ambiental, y la Argentina debe acompañar este cambio. Su especial condición para el desarrollo de energías alternativas, como la energía eólica o la solar, no sólo representa una oportunidad de beneficiar a nuestro planeta, sino que puede brindar oportunidades para el desarrollo de industrias más limpias y más adaptadas a las necesidades de las futuras generaciones.
La Nación
Viernes 30 de Enero de 2009