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La verdad acerca del ambientalismo

Traducción libre por E. H. Peralta

Aug 2nd 2001, From The Economist print edition
By invitation, Bjorn Lomborg. (Para ver los cuadros consultar sitio)

Acerca del autor:
Bjorn Lomborg es un estadístico de la Universidad de Aarhus, Dinamarca, que alguna vez fue apodado “ala izquierda de la visión de Greenpeace”. En 1997, intento rebatir a Julián Simon, un economista que dudaba de los reclamos ambientalistas y se encontró con que los datos generalmente confirmaban las ideas de Simon. Su libro “El ambientalista escéptico” fue publicado en ingles por la Universidad e Cambridge el pasado mes de agosto de 2001).

LA VERDAD ACERCA DEL AMBIENTALISMO

Ecología y economía deberían pujar en igual sentido, ya que después de todo el prefijo “Eco” que comparten ambas, deriva de la palabra griega que designaba al hogar y los protagonistas de ambas especialidades aseguran defender los intereses de la humanidad. Sin embargo ambientalistas y economistas  con frecuencia están enfrentados. Para los economistas el mundo parece ir mejorando, mientras que para los ambientalistas sucede al revés.
Estos ambientalistas liderados por alguien de tan vasta experiencia como Paul Erlich de la Universidad de Stanford y Lester Brown del Instituto Woldwatch han desarrollado una especie de “Letania”(SIC) en base a 4 temores ambientales básicos:
1) Los recursos naturales se estan agotando.
2) La población sigue creciendo quedando cada vez menos margen de recursos alimenticios.
3) Las especies se extinguen en gran numero, los bosques desaparecen y las reservas de peces en los océanos decaen.
4) El aire y el agua del planeta están cada vez mas contaminados.
   Según esa visión la humanidad esta arruinando la Tierra con su actividad y puede terminar suicidándose en el proceso. Sin embargo la “Letania” de la degradación ambiental no esta apoyada por evidencias objetivas, pero estas son insuficientes para hacer retroceder dicha “Letania”.
Primero:
La energía y otros recursos naturales han aumentado en vez de disminuir desde que el Club de Roma publico “los limites del crecimiento” en 1972.
Segundo: hoy se produce mayor cantidad de alimentos por habitante que en cualquier otra época de la historia: cada vez menos gente muere de hambre.
Tercero: aunque efectivamente algunas especies se han extinguido, solo 0.7 % de las  existentes se espera que se extingan durante los próximos 50 años y no 25 a 50% como con tanta frecuencia se predica.
Cuarto: la mayoría de las formas de polución ambiental parecen haber sido sobredimensionadas o bien estuvieron transitoriamente asociadas a las primeras fases del desarrollo industrial y por lo tanto son corregidas con mayor eficacia por una aceleración del desarrollo, antes que por una restricción del mismo.

 Uno de las procesos de polución mas comentado - el calentamiento global-
parece ser un fenómeno cíclico de largo plazo, pero su impacto total no parece plantear un futuro de devastación para la humanidad y una respuesta inadecuada a ese efecto puede plantear problemas mucho mayores.

¿PUEDEN MEJORAR LAS COSAS INEVITABLEMENTE?.

   Tomaremos los 4 puntos uno por uno.
1) Los recursos naturales se están agotando.
 Los primeros movimientos ecologistas consideraban que los recursos minerales de los que depende la industria moderna, se estaban agotando. Es obvio que debe existir algun limite en las reservas de combustibles
Fósiles y metales industriales que pueden ser extraídos del planeta: después de todo es una masa finita. Sin embargo ese límite es mucho mayor de lo que los ambientalistas suponen. En efecto: la explotación de tales recursos tiene un costo. Ese costo y no la escasez es el principal límite a su viabilidad. Pese a todo, las reservas explotables de combustibles y  metales importantes son hoy mayores que cuando se publico “los limites del crecimiento” en 1972.En el caso del Petróleo por ejemplo las reservas que pueden ser extraídas a precios razonablemente competitivos son suficientes para mantener el actual ritmo de crecimiento de la economía mundial y del consumo en general por los próximos 150 años. Agreguemos que el costo de la energía solar se fue reduciendo a la mitad en cada década de los últimos 30 años y al parecer continuara haciéndolo en el futuro. La limitación energética por lo tanto no parece ser un problema para el desarrollo económico ni para el medio ambiente.
  En el caso de otras materias primas como las necesarias para producir cemento, aluminio, Hierro, cobre, Nitrógeno (¿abonos nitrogenados ?) y Zinc, aumentaron en un 75% por encima de las necesidades. Pese al aumento de consumo (entre 2 y 10 veces) en los últimos 50 años, los años equivalentes de reservas minerales necesarias han aumentado. Mas aun: la abundancia de oferta se tradujo en la continua depreciación de dichas materias primas. Ejemplo: el índice de precios publicado por “The Economist” indica que el valor de la gran mayoría bajo en mas del 80 % desde 1845.

2) La población sigue creciendo dejando cada vez menor margen de recursos alimenticios.

  El índice de crecimiento de la población mundial se esta revirtiendo
  En 1968 el Dr Ehrlich predecía en su exitoso libro “La bomba poblacional” que la batalla de la alimentación estaba perdida y que en los años posteriores a 1970 el mundo conceria la experiencia del hambre generalizado con trágicas proporciones, en la cual cientos de millones de personas morirían de hambre.
  Ese pronóstico no ha sucedido. En su lugar, según informan las Naciones Unidas la producción agrícola del mundo en desarrollo aumento 52% por persona desde 1961.La ingesta diaria en los países pobres aumento desde 1932 calorías diarias por persona en 1961 (solo para subsistir) a 2650 calorías por persona en 1998 y se espera que aumente a 3020 calorías en el 2030.Asimismo la proporción de personas que padece hambre en los países subdesarrollados cayo de 45% en 1949, a 18% a fin de siglo, esperándose que este por debajo del 12% en el 2010 y menos del 6% en el 2030. en otras palabras: la comida no es mas escasa sino al contrario y continua en aumento. Esto se observa claramente en el precio medio de los alimentos: desde el año 1800 a valor constante, el precio disminuyo en mas del 90 % y para el año 2000 su valor seria el mas bajo de la historia (según datos del Banco Mundial).
  MALTHUS ESTABA EQUIVOCADO: el crecimiento de la población no es exponencial. La predicción del Dr Ehlrich reitera lo afirmado por Malthus 170 años antes. Malthus consideraba que si no es contrastada, la población mundial se expandiría en forma exponencial, mientras que la producción de de alimentos solo podría aumentar en forma lineal por incorporación de nuevas tierras de cultivo. No ha sido así: el índice de aumento poblacional tiende a disminuir por un sistema de autocontrol: cuando la gente goza de mayor bienestar económico y salud, tiene familias mas pequeñas. En realidad el índice de crecimiento de la humanidad alcanzo su pico máximo (2 %) en la década de 1960 y comenzó a disminuir desde entonces: ahora es de 1.6% y al parecer bajara a 0.46% hacia el año 2050.Las Naciones Unidas consideran que la población del mundo se estabilizara  en algo menos de 11000 millones de personas hacia el año 2100.
Malthus fallo también en el cálculo del desarrollo de tecnología agrícola: esta permite obtener cada vez mayor cantidad de alimentos por Ha y es la aplicación del ingenio del hombre lo que permitió mejorar el crecimiento de la producción por encima del aumento de población. Además esta tendencia ha permitido reducir el ritmo de incorporación de nuevas tierras de cultivo a la producción, permitiendo menor presión sobre la diversidad biológica.
3) Las especies se extinguen en gran numero, los bosques desaparecen y las reservas de peces en los océanos decaen.
   La reducción en la biodiversidad es real pero exagerada. La mayoría de las estimaciones se basan en el modelo simple de islas, donde la pérdida del hábitat se asocia de inmediato a la perdida de la biodiversidad. Una regla generalmente usada es la que considera que “la perdida del 90% de los bosques significa la extinción del 50% de las especies”.
  Como los bosques lluviosos están siendo talados a un ritmo alarmante, son comunes estimaciones de perdidas de 20000 a 100000 especies anuales y mucha gente cree que el numero de especies bajara a la mitad en 1 o 2 generaciones . Sin embargo los datos disponibles no apoyan semejantes predicciones. en el E de los EEUU los bosques se redujeron a solo 1 o 2 % de su extensión original en poco mas de 2 siglos, pero solo se registro la extinción de una sola especie de pájaro. En Puerto rico se talaron los bosques originales en un 99 % en 400 años, pero sin embargo solo se registraron las extinciones de 60 especies de pájaros. En brasil la “Mata Atlántica” se redujo al 12 % de su extensión original durante el siglo XIX, quedando hoy solo remanentes aislados. De acuerdo a la norma, la mitad de las especies animales debieran haberse extinguido. Sin embargo cuando la World Conservation Union y la sociedad Zoológica de Brasil estudiaron el tema, no lograron encontrar ningún caso de extinción de especies. Al parecer los animales de los bosques tropicales son más resistentes de lo que se supone. Por ultimo los bosques tropicales no se pierden al ritmo del 2 a 4% anual como afirman muchos ambientalistas: los datos de Naciones Unidas indican que esa disminución no llega al 0.5 % anual.

4) El aire y el agua del planeta están cada vez mas contaminados.
  La polución del agua y aire también están sobredimensionadas. Los datos analíticos indica que la polución del aire tiende a disminuir  cuando una sociedad mejora económicamente porque comienza espontáneamente a aplicar medidas de control ambiental. Para el caso de Londres, la ciudad con mejores datos, la máxima polución se registro en 1890 y hoy el aire es mas limpio que en todo el periodo histórico iniciado en 1585.Hay buenas razones para creer que esta tendencia se esta dando en las ciudades de todos los países desarrollados y aunque esta aumentando en muchos países subdesarrollados, estos simplemente están replicando las tendencias históricas que se dieron en los actuales países del primer mundo: cuando logren mejorar su nivel de vida ellos también comenzaran a reducir la polución.
  Todos estos datos contradicen la “Letania”, pero sin embargo la creencia generalizada en la declinación de los Standares de calidad ambiental, sigue arraigada en la opinión publica de los países desarrollados. Cuatro factores  causan esta diferencia entre percepción y realidad:
a) La gente tiende a mirar solamente el lado oscuro de la vida.
  Un factor importante son los prejuicios de los investigadores científicos: los fundadores del ambientalismo solo visitaron regiones donde los problemas eran reales. Esa política es comprensible, pero parece haber dejado la impresión de que existen mucho mas problemas que los que realmente existen.
b) Los grupos ambientalistas necesitan hacerse notar ante la clase media y además lograr apoyo económico. Comprensiblemente estos grupos son tan “lobystas” como otros grupos similares, pero reciben una atención menos escéptica. Aunque estos grupos están abrumados por su propio folklore, normalmente no presentan muchas caracteristicas propias de otros grupos de interés y recibirían menos crédito si la gente los tratara con el mismo grado de escepticismo que aplican para grupos lobystas de otro tipo u otros temas. Una organización que propugnara controles ambientales mas laxos, seria en el acto considerad como sospechosa. En cambio una organización similar que promueva controles mas estrictos seria vista como altruista, aun cuando una visión desapasionada de las medidas de control ambiental sugiera que son realmente exageradas.
c) Una tercera causa de confusión es la actividad de la gente media: en general tienen mas curiosidad por las cosas malas que por las buenas. Los diarios y radios tienden a dar un tipo de noticias que el publico quiere oír a pesar de saber que es un factor de distorsión en la percepción correcta. Un ejemplo fue el caso del fenómeno “El Niño” en los EEUU entre 1997 y 98. Este fenómeno climático real fue acusado de perjudicar al turismo, originar alergias, derretir la nieve en las canchas de SKY y causar 22 muertes por nevadas en el estado de Ohio. Un balance mas realista fue ofrecido por el boletín de la sociedad Meteorológica de los EEUU, que toma en cuenta ventajas y perdidas debidas a “El Niño” durante 1997-98. Los daños fueron estimados en mas de 4000 millones U$S. Sin embargo los beneficios  pasaron los 19000 millones U$S debido a un invierno mas benigno (que salvo no menos de 850 vidas al reducir costos de calefacción y menores avalanchas de barro en primavera al derretirse la nieve) además de la bien documentada conexión entre “El Niño” y la menor frecuencia de huracanes: en 1998 los EEUU no sufrieron grandes huracanes, compensando así otras perdidas. Sin embargo los beneficios no fueron informados con igual amplitud que las perdidas.
d) El cuarto factor es la pobre percepción individual de la gente: muchos temen por ejemplo que la acumulación de residuos que la gente tira a la basura, obligara finalmente a desplazar las poblaciones hacia otras áreas para poder hacer la disposición final de la basura. Sin embargo, suponiendo que la producción de deshechos continúe a igual ritmo que en el pasado, aun si la población de los EEUU se duplicase para el año 2100, todos los deshechos de los EEUU concentrados ocuparían un área de 28 x 28 km, lo que representa 1/12000 (0.000083%) de la superficie del país.

   El temor a los problemas ambientales imaginarios pueden distraer la política energética de los problemas reales. Así algunas iniciativas ambientalistas como la reducción del contenido de Pb en los combustibles  líquidos y las emisiones de SO2, algunas de ellas ridículamente caras ya están siendo aplicadas pese a a sus costos, cuando para las medidas de seguridad que hacen a la salud de la gente resultan mucho mas importantes y efectivas otras mas baratas y urgentes como la obligación de uso de Air-bags en los autos, la medicina preventiva o las vacunaciones obligatorias. La falsa percepción de los riesgos para la salud esta llevando a errores como el esfuerzo para controlar las emisiones de benceno en plantas industriales.
 Lograr una disminución radical de de las emisiones de CO2 resulta mucho mas cara que las medidas necesarias para mejorar la adaptación al calentamiento global. El aumento del CO2 en la atmosfera efectivamente lleva a un proceso de calentamiento global, pero las mejores estimaciones indican que habrá un aumento de 2 a 3 º C durante el siglo XXI y que este cusara problemas casi exclusivamente en el mundo subdesarrollado, con perjuicios del orden de 5000 millones U$S, de modo que controlar ese proceso parece ser una buena idea , pero el problema es que costara mucho mas el remedio que la enfermedad. A pesar de que se entiende que algo se debe hacer con urgencia el análisis económico indica con claridad que seria mas barato el esfuerzo de adaptación o las medidas para paliarlo, que tratar de controlar el efecto invernadero. El efecto del protocolo de Kioto sobre el clima seria tan insignificante, aun aplicado a rajatabla, que según un modelo de Tom Wigley, uno de los principales expertos  autores del informe de cambio climático presentado a las Naciones unidas, el esperado aumento de 2.1ºC calculado para el año 2100, se reduciría a solo 1.9ºC gracias al protocolo de Kioto. En otras palabras: con dicho protocolo el nivel de temperatura esperado para el año 1994 se postergaría para el 2100, lo cual quiere decir que solo lograría postergarlo por 6 años y el costo, solo para los EEUU, serias mayor que la inversión necesaria para proveer de agua potable a toda la humanidad. Esa provisión evitaría un promedio de 2 millones de muertes por año y permitiría un buen acceso a la educación a 500 millones de personas del tercer mundo. Eso seria en el mejor de los casos porque si el protocolo de Kioto se aplicara en forma parcial o deficiente, su costo seria 5 veces mayor que asegurar agua potable y sanidad adecuada a todo el planeta. Para una comparación: el total de ayuda humanitaria actual es de 50000  millones U$S/año.
Para reemplazar la “Letania” con hechos concretos, es necesario que la gente sepa elegir la mejor opción futura. Por supuesto: la gestión ambiental y las inversiones en ambientalismo son buenas ideas, pero los costos y beneficios en los otros ordenes también deben tomarse en cuenta: puede ser costoso pecar de optimistas, pero mas costoso aun es exagerar con el pesimismo.

The truth about the environment

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Aug 2nd 2001, From The Economist print edition
By invitation, Bjorn Lomborg. (Para ver los cuadros consultar sitio)

Environmentalists tend to believe that, ecologically speaking, things are getting worse and worse. Bjorn Lomborg, once deep green himself, argues that they are wrong in almost every particular

 ECOLOGY and economics should push in the same direction. After all, the “eco” part of each word derives from the Greek word for “home”, and the protagonists of both claim to have humanity's welfare as their goal. Yet environmentalists and economists are often at loggerheads. For economists, the world seems to be getting better. For many environmentalists, it seems to be getting worse.

 These environmentalists, led by such veterans as Paul Ehrlich of Stanford University, and Lester Brown of the Worldwatch Institute, have developed a sort of “litany” of four big environmental fears:

  • Natural resources are running out.
  • The population is ever growing, leaving less and less to eat.
  • Species are becoming extinct in vast numbers: forests are  disappearing and fish stocks are collapsing.
  • The planet's air and water are becoming ever more polluted.

Human activity is thus defiling the earth, and humanity may end up  killing itself in the process.

The “litany” of environmental fears is not backed up by evidence

The trouble is, the evidence does not back up this litany. First, energy and other natural resources have become more abundant, not less so since the Club of Rome published “The Limits to Growth” in 1972. Second, more food is now produced per head of the world's population than at any time in history. Fewer people are starving. Third, although species are indeed becoming extinct, only about 0.7% of them are expected to disappear in the next 50 years, not 25-50%, as has so often been predicted. And finally, most forms of environmental pollution either appear to have been exaggerated, or are transient—associated with the early phases of industrialisation and therefore best cured not by restricting economic growth, but by accelerating it. One form of pollution—the release of greenhouse gases that causes global warming—does appear to be a long-term phenomenon, but its total impact is unlikely to pose a devastating problem for the future of humanity. A bigger problem may well turn out to be an inappropriate response to it.

 Can things only get better?

Take these four points one by one. First, the exhaustion of natural resources. The early environmental movement worried that the mineral resources on which modern industry depends would run out. Clearly, there must be some limit to the amount of fossil fuels and metal ores that can be extracted from the earth: the planet, after all, has a finite mass. But that limit is far greater than many environmentalists would have people believe.

Reserves of natural resources have to be located, a process that costs money. That, not natural scarcity, is the main limit on their availability. However, known reserves of all fossil fuels, and of most commercially important metals, are now larger than they were when “The Limits to Growth” was published. In the case of oil, for example, reserves that could be extracted at reasonably competitive prices would keep the world economy running for about 150 years at present consumption rates. Add to that the fact that the price of solar energy has fallen by half in every decade for the past 30 years, and appears likely to continue to do so into the future, and energy shortages do not look like a serious threat either to the economy or to the environment.

The development for non-fuel resources has been similar. Cement, aluminium, iron, copper, gold, nitrogen and zinc account for more than 75% of global expenditure on raw materials. Despite an increase in consumption of these materials of between two- and ten-fold over the past 50 years, the number of years of available reserves has actually grown. Moreover, the increasing abundance is reflected in an ever-decreasing price: The Economist's index of prices of industrial raw materials has dropped some 80% in inflation-adjusted terms since 1845.

Next, the population explosion is also turning out to be a bugaboo. In 1968, Dr Ehrlich predicted in his best selling book, “The Population Bomb”, that “the battle to feed humanity is over. In the course of the 1970s the world will experience starvation of tragic proportions—hundreds of millions of people will starve to death.”

That did not happen. Instead, according to the United Nations, agricultural production in the developing world has increased by 52% per person since 1961. The daily food intake in poor countries has increased from 1,932 calories, barely enough for survival, in 1961 to 2,650 calories in 1998, and is expected to rise to 3,020 by 2030. Likewise, the proportion of people in developing countries who are starving has dropped from 45% in 1949 to 18% today, and is expected to decline even further to 12% in 2010 and just 6% in 2030. Food, in other words, is becoming not scarcer but ever more abundant. This is reflected in its price. Since 1800 food prices have decreased by more than 90%, and in 2000, according to the World Bank, prices were lower than ever before.

Modern Malthus

Malthus was wrong: population growth has not been exponential

 Dr Ehrlich's prediction echoed that made 170 years earlier by Thomas Malthus. Malthus claimed that, if unchecked, human population would expand exponentially, while food production could increase only linearly, by bringing new land into cultivation. He was wrong. Population growth has turned out to have an internal check: as people grow richer and healthier, they have smaller families. Indeed, the growth rate of the human population reached its peak, of more than 2% a year, in the early 1960s. The rate of increase has been declining ever since. It is now 1.26%, and is expected to fall to 0.46% in 2050. The United Nations estimates that most of the world's population growth will be over by 2100, with the population stabilising at just below 11 billion (see chart 1).

Cuadro 1, Slowing up

Malthus also failed to take account of developments in agricultural technology. These have squeezed more and more food out of each hectare of land. It is this application of human ingenuity that has boosted food production, not merely in line with, but ahead of, population growth. It has also, incidentally, reduced the need to take new land into cultivation, thus reducing the pressure on biodiversity.

Third, that threat of biodiversity loss is real, but exaggerated. Most early estimates used simple island models that linked a loss in habitat with a loss of biodiversity. A rule-of-thumb indicated that loss of 90% of forest meant a 50% loss of species. As rainforests seemed to be cut at alarming rates, estimates of annual species loss of 20,000-100,000 abounded. Many people expected the number of species to fall by half globally within a generation or two.

However, the data simply does not bear out these predictions. In the eastern United States, forests were reduced over two centuries to fragments totalling just 1-2% of their original area, yet this resulted in the extinction of only one forest bird. In Puerto Rico, the primary forest area has been reduced over the past 400 years by 99%, yet “only” seven of 60 species of bird has become extinct. All but 12% of the Brazilian Atlantic rainforest was cleared in the 19th century, leaving only scattered fragments. According to the rule-of-thumb, half of all its species should have become extinct. Yet, when the World Conservation Union and the Brazilian Society of Zoology analysed all 291 known Atlantic forest animals, none could be declared extinct. Species, therefore, seem more resilient than expected. And tropical forests are not lost at annual rates of 2-4%, as many environmentalists have claimed: the latest UN figures indicate a loss of less than 0.5%.

In London, air pollution picked around 1890

Fourth, pollution is also exaggerated. Many analyses show that air pollution diminishes when a society becomes rich enough to be able to afford to be concerned about the environment. For London, the city for which the best data are available, air pollution peaked around 1890 (see chart 2). Today, the air is cleaner than it has been since 1585. There is good reason to believe that this general picture holds true for all developed countries. And, although air pollution is increasing in many developing countries, they are merely replicating the development of the industrialised countries. When they grow sufficiently rich they, too, will start to reduce their air pollution.

Cuadro Cleaning up

All this contradicts the litany. Yet opinion polls suggest that many people, in the rich world, at least, nurture the belief that environmental standards are declining. Four factors cause this disjunction between perception and reality.

Always look on the dark side of life

 One is the lopsidedness built into scientific research. Scientific funding goes mainly to areas with many problems. That may be wise policy, but it will also create an impression that many more potential problems exist than is the case.

Secondly, environmental groups need to be noticed by the mass media. They also need to keep the money rolling in. Understandably, perhaps, they sometimes exaggerate. In 1997, for example, the Worldwide Fund for Nature issued a press release entitled, “Two-thirds of the world's forests lost forever”. The truth turns out to be nearer 20%.

Environmental groups are much like other lobby groups, but are treated less sceptically

Though these groups are run overwhelmingly by selfless folk, they nevertheless share many of the characteristics of other lobby groups. That would matter less if people applied the same degree of scepticism to environmental lobbying as they do to lobby groups in other fields. A trade organisation arguing for, say, weaker pollution controls is instantly seen as self-interested. Yet a green organisation opposing such a weakening is seen as altruistic, even if a dispassionate view of the controls in question might suggest they are doing more harm than good.

A third source of confusion is the attitude of the media. People are clearly more curious about bad news than good. Newspapers and broadcasters are there to provide what the public wants. That, however, can lead to significant distortions of perception. An example was America's encounter with El Niño in 1997 and 1998. This climatic phenomenon was accused of wrecking tourism, causing allergies, melting the ski-slopes and causing 22 deaths by dumping snow in Ohio.

A more balanced view comes from a recent article in the Bulletin of the American Meteorological Society. This tries to count up both the problems and the benefits of the 1997-98 Niño. The damage it did was estimated at $4 billion. However, the benefits amounted to some $19 billion. These came from higher winter temperatures (which saved an estimated 850 lives, reduced heating costs and diminished spring floods caused by meltwaters), and from the well-documented connection between past Niños and fewer Atlantic hurricanes. In 1998, America experienced no big Atlantic hurricanes and thus avoided huge losses. These benefits were not reported as widely as the losses.

The fourth factor is poor individual perception. People worry that the endless rise in the amount of stuff everyone throws away will cause the world to run out of places to dispose of waste. Yet, even if America's trash output continues to rise as it has done in the past, and even if the American population doubles by 2100, all the rubbish America produces through the entire 21st century will still take up only the area of a square, each of whose sides measures 28km (18 miles). That is just one-12,000th of the area of the entire United States.

Cuadro The price of a life

Ignorance matters only when it leads to faulty judgments. But fear of largely imaginary environmental problems can divert political energy from dealing with real ones. The table above, showing the cost in the United States of various measures to save a year of a person's life, illustrates the danger. Some environmental policies, such as reducing lead in petrol and sulphur-dioxide emissions from fuel oil, are very cost-effective. But many of these are already in place. Most environmental measures are less cost-effective than interventions aimed at improving safety (such as installing air-bags in cars) and those involving medical screening and vaccination. Some are absurdly expensive.

Radically cutting carbon-dioxide emissions will be far more expensive than adapting to higher temperatures

Yet a false perception of risk may be about to lead to errors more expensive even than controlling the emission of benzene at tyre plants. Carbon-dioxide emissions are causing the planet to warm. The best estimates are that the temperature will rise by some 2°-3°C in this century, causing considerable problems, almost exclusively in the developing world, at a total cost of $5,000 billion. Getting rid of global warming would thus seem to be a good idea. The question is whether the cure will actually be more costly than the ailment.

Despite the intuition that something drastic needs to be done about such a costly problem, economic analyses clearly show that it will be far more expensive to cut carbon-dioxide emissions radically than to pay the costs of adaptation to the increased temperatures. The effect of the Kyoto Protocol on the climate would be minuscule, even if it were implemented in full. A model by Tom Wigley, one of the main authors of the reports of the UN Climate Change Panel, shows how an expected temperature increase of 2.1°C in 2100 would be diminished by the treaty to an increase of 1.9°C instead. Or, to put it another way, the temperature increase that the planet would have experienced in 2094 would be postponed to 2100.

The Kyoto agreement merely buys the world six years

So the Kyoto agreement does not prevent global warming, but merely buys the world six years. Yet, the cost of Kyoto, for the United States alone, will be higher than the cost of solving the world's single most pressing health problem: providing universal access to clean drinking water and sanitation. Such measures would avoid 2m deaths every year, and prevent half a billion people from becoming seriously ill.

 And that is the best case. If the treaty were implemented inefficiently, the cost of Kyoto could approach $1 trillion, or more than five times the cost of worldwide water and sanitation coverage. For comparison, the total global-aid budget today is about $50 billion a year.

To replace the litany with facts is crucial if people want to make the best possible decisions for the future. Of course, rational environmental management and environmental investment are good ideas—but the costs and benefits of such investments should be compared to those of similar investments in all the other important areas of human endeavour. It may be costly to be overly optimistic—but more costly still to be too pessimistic.

Bjorn Lomborg is a statistician at the University of Aarhus, Denmark, who once held what he calls “left-wing Greenpeace views”. In 1997, he set out to challenge Julian Simon, an economist who doubted environmentalist claims—and found that the data generally supported Simon. His book, “The Skeptical Environmentalist”, will be published in English by Cambridge University Press in a month's time.