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Europa pide reproductores con volumen más bajo

Por el riesgo del sonido alto en los auriculares

Ariel Torres
LA NACION

Se ha dicho tantas veces que ya casi nadie lo escucha: la música a alto volumen puede causar pérdida de audición, y los audífonos intrauriculares, de uso masivo desde el iPod, potencian este peligro. Por eso, la Unión Europea instó a los fabricantes de reproductores de música a que sus productos se vendan configurados para sonar a un volumen seguro. Eso sí, los usuarios podrán elevar los decibeles a niveles peligrosos si así lo desean.

El manual de la mayoría de los dispositivos de música portátil advierte hoy sobre la posible pérdida de audición al usar el volumen máximo (NIHL, por sus siglas en inglés) y muchos ofrecen un limitador de nivel. Pero se tiende a desoír las advertencias y a subir el volumen. Así, la nueva medida de prevención de la Unión Europea podría caer en oídos sordos, aunque se ponga en práctica.

Una constelación de factores contribuyen a que generaciones enteras estén sometiendo sus oídos a un castigo que, con el tiempo, pueden pagar caro. Ambientes urbanos ruidosos que obligan a subir el volumen para oír la música, y una electrónica sofisticada que permite niveles altos casi sin distorsión. ¿Qué le ocurre al oído cuando debe vérselas con sonidos de 85 decibeles (dB) o más?

Tendemos a creer que la víctima del alto volumen es el tímpano, la delgada membrana que separa el oído externo del medio. Esto es cierto en el caso de una explosión. La música fuerte durante períodos largos daña un componente menos conocido de nuestro oído, las células ciliadas, vitales para transformar las ondas sonoras en señales nerviosas. Pequeñas, hipersensibles, relativamente escasas (15.000, versus los más de 100 millones de fotorreceptores de la retina) y sumergidas en el líquido que llena la cóclea, poseen una característica clásica en el sistema nervioso: cuando se pierden, no se vuelven a regenerar.

Su función es una maravilla de la anatomía y de la fisiología. Al ser sometidas a las vibraciones del fluido que las rodea, las células ciliadas experimentan una serie de cambios bioquímicos que terminan por liberar neurotransmisores que traducen el movimiento en señales eléctricas. Estos impulsos viajan por el nervio auditivo hasta el cerebro, en el que son interpretadas como sonido. Desde el tímpano hasta los tres diminutos huesos que convierten las ondas sonoras en vibraciones del líquido del oído interno, cada componente es vital para la audición. Pero son las células ciliadas las que sufren el exceso sostenido de energía que deviene del volumen salvaje. Y son irreparables.


Consejos

Exponerse constantemente a 85 dB (el nivel de una esquina ruidosa) puede causar daño a las células ciliadas; 15 minutos de ruido a 100 dB es capaz de producir pérdida permanente de la audición. Parece mucho, considerando que es el nivel alcanzado por un martillo neumático. Pero si podemos oír el sonido de un par de audífonos que tiene puestos una persona a nuestro lado, entonces esa persona está recibiendo entre 110 y 120 dB. El Instituto Nacional de la Sordera y Otros Desórdenes de la Comunicación de los Estados Unidos aconseja no exponerse durante más de un minuto a ese volumen de forma regular para evitar daños irreparables.

Los audífonos intrauriculares son particularmente peligrosos porque su rango dinámico es menor que el de un altavoz convencional, por lo que tendemos a subir el volumen. Son preferibles los auriculares externos.

Aunque los fabricantes limiten el nivel de salida de sus reproductores, la primera línea de defensa sigue en nuestras manos. Usar auriculares que aíslen los ruidos externos, para no tener que elevar tanto el volumen, y darle al oído un descanso de una hora por cada hora de música son dos medidas simples y efectivas. Otra: configurar el limitador de volumen del reproductor para que nunca sobrepase el nivel en el que la música puede oírse sin tener los audífonos puestos.

La Nación
Martes 29 de Septiembre de 2009

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