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Los trabajadores en la agenda mundial
EN vísperas de un reordenamiento de la economía internacional, los presidentes de los países miembros del G-20 volvieron a encontrarse para asumir nuevos compromisos. La novedad de la Cumbre de Pittsburg fue la invitación, por parte del presidente Barack Obama, a los representantes de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), medida que fue promovida por nuestra Presidenta y su par de Brasil. Este hecho muestra el reconocimiento mundial de la importancia del trabajo en la definición del nuevo sistema económico y político que regirá las relaciones internacionales.
La OIT, por medio de su director general, Juan Somavia, presentó el informe titulado Proteger a las personas y promover el empleo , un documento que resalta las medidas adoptadas por los diferentes países para dar respuesta a la crisis internacional. Entre las políticas más implementadas se encuentra la ampliación de la protección social, resaltando la relevancia de una participación activa del Estado en la superación de la crisis de empleo. En este sentido se expresó también la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en la Apertura de la XVI Conferencia Interamericana de Ministros de Trabajo: "Los problemas del trabajo son consecuencia de un sistema de ideas que consagró el reinado del mercado y la desaparición del Estado".
Más allá de los acuerdos negociados en relación a la regulación del sistema financiero y al nuevo control que deberá ejercerse sobre los bancos, en la Cumbre de Pittsburgh hubo indicios de una mayor democratización de las relaciones internacionales, ampliando el tipo de actores que intervienen en ellas. La participación de la OIT formó parte de una nueva visión de la crisis mundial y se relaciona con la promoción, a instancias del presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, de la realización en 2010 de una reunión de los ministros de Trabajo en pos de discutir la situación del desempleo.
Estos avances por parte de los Estados, se suman a los esfuerzos realizados desde la OIT por incorporar en la agenda internacional el trabajo como el principio y fin de políticas para la salida de la crisis. La OIT no sólo aboga por una creación cuantitativa sino por una mejora cualitativa de los empleos, según su principio "empleos decentes y sustentables": trabajos basados en el aumento de la productividad y asociados con la economía real. Como mencionó nuestra Presidenta luego de la reunión del G-20, es fundamental analizar qué tipo de crecimiento queremos para nuestro país. Es necesario afrontar la situación actual generando trabajos que produzcan un efecto cascada, incluyendo a todos los sectores de la sociedad y disminuyendo la brecha entre los ricos y los más desfavorecidos.
Los cambios en la producción, la internacionalización del capital, la volatilidad de las inversiones están produciendo cambios en las estructuras sociales. Las legislaciones de los países quedan obsoletas frente a estos cambios y, ante la falta de una reformulación global de las mismas, siempre hay lugar para el "engaño". El resultado de esta situación son trabajadores desprotegidos ante las empresas que radican su capital según la rentabilidad del mismo. En una crisis como la actual, cuando los balances de esas empresas no son las esperadas, con la misma rapidez con que fueron instaladas se retiran a otro mercado que resulte más redituable.
Este nuevo panorama requiere políticas y legislaciones internacionales que armonicen las concepciones del trabajo acotando los espacios en los que los trabajadores pueden verse desprotegidos.
En su comunicado final, el G-20 expresó esta idea, proponiendo que "para asegurar que el crecimiento global sea beneficioso para todos, tendremos que implementar políticas consistentes con los principios y deberes en el trabajo de la OIT". Mientras que el comunicado de la Cumbre de Londres apenas hacía mención al organismo y sólo reflejaba cuestiones de regulación financiera, el nuevo informe enumera diez principios; uno de ellos fue "poner el trabajo de calidad en el corazón de la recuperación". Cuando hablamos de políticas, hablamos de decisiones que afectan a personas reales; es importante en este sentido escuchar las demandas que los trabajadores tienen y permitirles expresar sus opiniones y propuestas, que pueden resultar en soluciones más concretas que las de los técnicos de los gobiernos.
Este nuevo escenario que nos deja la cumbre del G-20, motiva a seguir el diálogo buscando consenso en políticas que promuevan la incorporación a la economía de todas las personas que por la crisis financiera quedaron afuera. Todo esto teniendo presente al trabajo como actividad humana que dignifica al hombre.
Hay tres logros que marcan una diferencia con la Cumbre de Londres: la ubicación del trabajo como punto central del comunicado final de Pittsburg; la adopción por parte de los países miembros del G-20 del Pacto Mundial para el Empleo, y la invitación a los ministros de trabajo y empleo para reunirse a principios de 2010.
Queda por ver si entre lo ideal y lo posible hay un abismo o simplemente un paso que, con buena voluntad, inicie la apertura de grupos económicos a enfoques multidisciplinarios para abarcar todas las aristas de una crisis que requiere pronta solución.
El autor es ministro de Trabajo de la provincia de Buenos Aires
Oscar A. Cuartango
Para LA NACION
La Nación
Miércoles 21
de Octubre de 2009