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Europa felicita a EE.UU. pero le pide que duplique la reducción de gases
Washington declaró dañinos a los gases contaminantes pero quiere bajar sólo 17%.
Los ambientalistas del mundo no podían expresar mayor alegría ayer en los pasillos del enorme Bella Center donde transcurría el segundo día de esta crucial cumbre de cambio climático. Barack Obama tiene a partir de ahora las manos más libres para tomar medidas concretas contra las emisiones de gases contaminantes que están provocando el efecto invernadero. La Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA) había anunciado durante la madrugada europea que a partir de ahora cataloga a esas emisiones como "nocivas para la salud", algo que le da al presidente la posibilidad de ordenar cambios en las leyes sin tener que pasar necesariamente por el Congreso.
El anuncio de EPA fue realizado para provocar un efecto particular acá en Copenhague. Ya había una decisión de la Corte Suprema estadounidense en la que se decía muy concretamente que las emisiones de dióxido de carbono afectan la salud de la población y por lo tanto se debe hacer algo para eliminarlas. Pero eso ocurrió en el 2007 y George Bush todavía estaba en la Casa Blanca negándose a suscribir el Protocolo de Kioto con el que la comunidad internacional se comprometió a recortar emisiones. Cuando asumió Obama, se esperaba que todo esto cambiara de inmediato, pero el presidente prefirió enviar una ley al Congreso que propone un recorte del 17% con respecto a los niveles del 2005. La Cámara de Representantes la aprobó por un muy escaso margen y la ley ahora duerme en el Senado. EPA hizo lo que se debía haber hecho hace un año para mejorar la imagen de Obama días antes de llegar a esta asamblea.
"Bueno, ahora Obama tiene un plan B, si los senadores conservadores le tiran abajo la ley igual podrá ordenar el recorte. Esperemos que esto lo entusiasme y venga con alguna oferta un poco más generosa de la que presentó hasta ahora", dice John Nordbo de la organización ambientalista internacional WWF antes de salir corriendo a una reunión con delegados africanos.
Y esa exigencia no es sólo de los activistas. Es oficial. Europa quiere que Obama se comprometa mucho más. En principio duplicar el esfuerzo y que la reducción de gases sea de 30% y no de 17%.
"Sería asombroso que Obama llegara acá con la misma propuesta que ya tenía. Ahora todos esperamos algo más", dijo en una conferencia el ministro sueco de Medio Ambiente, Andreas Carlgren. El sueco, habló en representación de la Unión Europea porque su país ocupa en este momento la presidencia temporal de ese organismo. Y fue aún más específico: "EE. UU. y China pusieron ofertas sobre la mesa y les damos la bienvenida. Pero esos compromisos no son suficientes para mantener el calentamiento por debajo de dos grados", que es el objetivo de la cumbre.
Y el premier británico Gordon Brown le subió aún más la apuesta a su colega estadounidense al afirmar que Europa debía comprometerse a un recorte igual de las emisiones del 30% para el 2020 con respecto a los niveles de 1990. Esto significa un 10% más de lo que hasta ahora había ofertado la EU. "Hay que ser ambiciosos", dijo el premier y remarcó que EE.UU. debía hacer lo mismo. Una promesa que muchos expertos ven que el propio Brown tendrá dificultades para cumplir. Por ejemplo, tendría que suspender muchos de los 140 millones de vuelos que se generarían sólo en los aeropuertos británicos para ese entonces.
Y lo que está en juego, por debajo de esta controversia, es la realidad de los números. Washington prometió el recorte del 17% de sus emisiones de CO2 en relación con 2005, algo que equivale a sólo un 3 ó 4 % en relación con 1990. Pero, en realidad, el recorte de emisiones estadounidense es mayor que el europeo si se toma el periodo 2005-2020 y menor si se toma como referencia 1990, ya que en los ocho años de Bush las emisiones no pararon de crecer.
Mientras tanto, los otros grandes "players" de esta cumbre, China y Brasil, presionan a EE.UU. y Europa por igual para que entreguen una mayor cantidad de fondos con destino a la reconversión en los países en desarrollo. Beijing pidió a las potencias "demostrar su sinceridad y voluntad política con compromisos concretos y transferencia de tecnología". Y el embajador Luís Alberto Figueiredo, el jefe de la misión brasileña, hablando en el magnifico stand que tiene su país en este centro de convenciones, advirtió que si los desarrollados no proponen "un financiamiento adecuado a los en desarrollo será muy difícil lograr un acuerdo". Se refería a los US$ 30.000 millones que ofrecieron EE.UU., Alemania y Australia. El ministro de Ambiente brasileño, Carlos Minc, había dicho que es imprescindible contar con al menos 300.000 millones de dólares.
Pero Europa no parece estar dispuesta a entregar ese dinero en forma tan sencilla. "Nosotros nos preguntamos si los emergentes deben recibir recursos o es más plausible enviarlos a los países menos desarrollados como los de África", se sinceró el ex ministro de Medio Ambiente francés, Brice Lalonde.
El gran juego diplomático pareciera recién haber comenzado. Aún quedan nueve días de negociaciones.
Clarín
Miércoles 9 de Diciembre
de 2009