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Los ambientalistas presentan hoy su receta contra el calentamiento global

Ayer continuaron las protestas de activistas. Hubo unos 200 detenidos.

Ir vestido de negro y con un pasamontañas para cubrirse del aguanieve que cae en Copenhague no es una buena idea. La policía veía ayer a cualquiera con esas características y lo arrestaba. Los activistas del Black Bloc, que se caracterizan por andar todos de negro, venidos de toda Europa para protestar violentamente contra la intransigencia de los países más ricos a financiar las reformas de los más pobres para evitar el cambio climático, siguen dando vuelta y tratando de sorprender a la policía en el centro de la ciudad. Durante la manifestación masiva y pacífica del sábado, estos chicos se desprendieron de la marcha y comenzaron a romper vidrieras. La policía danesa, reforzada por efectivos alemanas, suecos y noruegos, vestidos como Robocop, arrestó a unos mil manifestantes. Los mantuvo por horas esposados en la espalda y bajo un frío muy intenso hasta que los llevó a unas jaulas improvisadas en unas barracas del barrio de Valby. A muchos los arrestó en forma preventiva, incluso antes de que llegaran a la concentración frente al parlamento danés. Ayer, hizo lo mismo con otro grupo que intentaba llegar a la zona del puerto para bloquear la salida de un barco de empresa transportadora Maersk a la que acusan de contaminar el medio ambiente.

Cuando eran las tres de la tarde y ya se hacía de noche, unas unidades de la policía acorralaron a unos 300 chicos que caminaban gritando consignas y flameando banderas negras detrás de una camioneta. En la avenida Dag Hammarskjölds, cerca de la embajada estadounidense, comenzó el forcejeo. Pero los policías doblaban en número a los manifestantes. En apenas media hora habían arrestado a unos 200. Les colocaban las esposas de plástico y los sentaban en la calle en unas filas perfectamente ordenadas. "Creí que en Dinamarca no sucedería una cosa así. La policía nos trató como animales. Hubo chicas que se tuvieron que orinar encima porque no las dejaron ir al baño. Y muchos tuvimos que pagar una multa de 200 euros para que nos dejaran ir", cuenta el alemán Ulrich Skanegh que fue liberado a la mañana y ya está otra vez intentando pintar un muro del parque Ostre Anlaeg.

Mientras todo esto sucedía, otro tipo de protesta se hacía sentir desde las iglesias de Escandinavia y Gran Bretaña. En oficios celebrados por el Arzobispo de Canterbury, Rowan Williams -el Papa de los Anglicanos- acá en la catedral de Dinamarca, hasta Desmond Tutu, el famoso obispo sudafricano, que congregó a los católicos, los templos de todo signo hicieron sentir sus campanas al unísono 350 veces para recordar al mundo la necesidad de llegar a un acuerdo para salvar al planeta del calentamiento global.

El enorme centro de convenciones del Bella Center estuvo casi desierto ayer. Las negociaciones se trasladaron a otros lugares menos formales. Delegados y ministros del Grupo de los 77, que están llevando la voz cantante de los países en desarrollo, tuvieron conversaciones después de un almuerzo en Malmo, la ciudad sueca ubicada frente a Copenhague, cruzando el Báltico. Caminaron por la calle peatonal de Soderg hasta la plaza de Stortorget, donde patinaban decenas de chicos en una pista de hielo natural. "Hay que despejarse un poco. Esta semana que viene va a ser muy dura. Pero el hecho de que tantos delegados estemos tan relajados quiere decir que las conversaciones van por buen camino", cuenta un representante de Indonesia mientras regresamos en el tren de las 17:22 que cruza la bahía y llega a la capital danesa en 40 minutos.

En el campo diplomático, la Unión Europea, Japón y Australia se sumaron a EE.UU. en la crítica al último borrador del documento final presentado, entre otros, por un grupo de 43 pequeñas islas-estados amenazadas por el cambio climático. En el documento se pide dividir la responsabilidad de las economías desarrolladas de las en vías de desarrollo y que los países más pobres sean compensados para poder bajar sus emisiones de gases contaminantes. "Los recortes en las emisiones tienen que estar separado de cualquier otra cosa. No podemos aceptar un chantaje del tipo "si no nos dan dinero no vamos a hacer nada"", dijo el ministro sueco de Medio Ambiente, Andreas Carlgren, en representación de los 27 países de la UE.

Por su parte, las mayores organizaciones ambientalistas lideradas por WWF (World Wildlife Fund) sostienen en un informe que será presentado hoy en la cumbre que los países desarrollados deberían destinar 25 mil millones de dólares anuales hasta el 2012, 63 mil millones por año de 2013 a 2017 y otros 100 mil millones anuales para la adaptación después de 2020. "Si bien se están realizando algunos anuncios de financiación, algo limitada, para la adaptación a corto plazo, hay poca visión y compromisos de largo plazo", explica a Clarín el argentino Pablo Herrera, uno de los directores de la organización Vida Silvestre. De acuerdo con el estudio de Economía de la Adaptación al Cambio Climático, realizado por el Banco Mundial, los costos de la adaptación al cambio climático en los países en desarrollo serán de entre 75.000 millones a 100.000 millones al año, entre 2010 y 2050. Y de esto, tendrían que ser destinados a América Latina entre 17.000 y 21.000 millones para asegurar el abastecimiento de agua y la protección contra las inundaciones en zonas costeras. "Tenemos que garantizar que Copenhague no se convierta en el lugar donde sólo se consigan migajas para la fase inicial de adaptación, en lugar de crear un marco internacional seguro para todos", continúa Herrera mientras, en una de las salas de este centro de convenciones, un grupo de teatro dramatiza una escena en la que una chica golpea con gruesas cadenas a un planeta de plástico que se va desinflando.

Por: Gustavo Sierra

Clarín
Lunes 14 de Diciembre de 2009

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