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Obama obtuvo un crucial triunfo para su histórica reforma sanitaria

Los diputados votaron anoche el proyecto, que aún debe ir al Senado

Ayer fue en Washington un día memorable. Después de un año de duras negociaciones y momentos muy dramáticos, la Cámara de Diputados dio luz verde anoche a la reforma social más importante de los últimos 45 años: la reforma del sistema de salud. Al cierre de esta edición el proyecto ya había obtenido más de 219 votos (tres más de los necesarios para su aprobación) y eran 212 los legisladores que habían expresado su rechazo. Se trata de un hito en la lucha que emprendió Theodore Roosvelt en 1912 para que todos los estadounidenses puedan tener acceso a la atención médica. Estados Unidos es uno de los pocos países industrializados que no asegura cobertura médica a todos sus ciudadanos. Durante su campaña electoral, el presidente Barack Obama prometió cambiar este hecho. Y, pese a la virulenta oposición del Partido Republicano, se jugó el todo por el todo para poder cumplir con esa promesa.

Anoche finalmente lo logró en la Cámara de Diputados.

Obtener los votos necesarios para que la reforma sea aprobada no fue fácil. A la oposición del Partido Republicano se sumaron un gran número de diputados demócratas conservadores que hasta último momento pusieron todo tipo de resistencias. Durante las negociaciones, Obama tuvo que hacer una serie de concesiones muy penosas que le valieron duras críticas por parte de los demócratas más progresistas de su partido. En primer lugar, Obama dejó caer la llamada "opción pública", es decir, un seguro médico estatal para todos aquellos que no tuviesen uno. El proyecto de ley en votación ayer prevé cubrir a los 32 millones de estadounidenses que aún no tienen un seguro médico con la extensión de un programa que ya existe –llamado Medicare– y con subsidios del Estado. Pero no habrá un seguro público que compita con los seguros privados, como inicialmente había propuesto la Casa Blanca.En segundo lugar, el plan no cubre a los inmigrantes ilegales, una reivindicación de los diputados hispanos.

Como tercer punto, Obama tuvo que ajustar el plan de manera tal que su costo no aumentará el ya gran déficit fiscal que padece Estados Unidos. Al revés, intentará disminuirlo. Según la Oficina de Presupuesto del Congreso, la reforma costará en los próximos 10 años un total de US$ 940.000 millones. Pero, al mismo tiempo, reducirá el déficit fiscal en US$ 138.000 millones gracias fundamentalmente a rebajas en el costo de algunos servicios. Por último, Obama tuvo que comprometerse a firmar un decreto que prohibirá que los fondos públicos previstos en el proyecto de ley sean utilizados para practicar abortos. Esto fue lo que permitió desbloquear la resistencia de los demócratas más conservadores.Como era de suponer, los republicanos pusieron el grito en el cielo. Con su índice de popularidad muy bajo, sin duda Obama necesitaba una victoria para revertir la percepción de que no ha cumplido con ninguna de sus promesas. Todavía no está claro, sin embargo, si un triunfo será suficiente para que el oficialismo pueda mantener su mayoría en ambas cámaras tras las elecciones legislativas de noviembre.

Lo cierto es que, antes de la votación, cada uno de los diputados pidió la palabra para explicar su sufragio. Todos coincidieron en que fue una votación histórica. Pero, cuando tomaron la palabra, republicanos y demócratas presentaron visiones opuestas. La demócrata Marcy Kaptur dijo que el proyecto representaba "un nuevo día para Estados Unidos". Su colega Doris Matsui explicó que mejoraría la calidad de vida de millones de familias. En la vereda de enfrente, el republicano Paul Ryan denunció que la ley es "un Frankenstein", mientras que Lincoln Díaz Balart la calificó como un paso decisivo en el debilitamiento de Estados Unidos.

Clarín
Lunes 22 de Marzo de 2010

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