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La vida diaria de los británicos, un calvario por la ola de frío polar
Desacostumbrados a inviernos tan crudos, se ven obligados a cambiar su rutina
Graciela Iglesias
Para LA NACION
LONDRES.- Hacer las compras, darse un baño, abrir la puerta del garaje -ni siquiera pensar en lograr hacer arrancar y, menos aún, en sacar el auto a la calle- son algunas de las más banales tareas de la vida cotidiana que, a raíz de la ola de frío, se han convertido en un calvario diario para los británicos.
La situación es incluso peor para quienes siguen varados desde el fin de semana en decenas de estaciones de ómnibus, trenes (incluida la de St. Pancras, donde Eurostar canceló su servicio por tiempo indefinido), así como aeropuertos, especialmente los internacionales de Heathrow y Gatwick, donde sólo un tercio de los aviones lograron despegar ayer.
Para peor, una serie de temporales de nieve se avecinan en los próximos dos días, de acuerdo con el servicio meteorológico, con lo cual lo único que les quedaba ayer a los cerca de 200.000 pasajeros que permanecían acampando en diferentes terminales era armarse de paciencia y esperar un milagro.
Unos 100.000 británicos ya vieron hechos trizas sus planes de pasar la Navidad en familia. Para reducir la congestión en las terminales, la Autoridad Británica de Aeropuertos decidió dar prioridad a los vuelos de partida en lugar de a los de llegada, con lo cual muchas aerolíneas debieron posponer sus vuelos de regreso hasta el 29 del actual. Así, dejaron a miles de británicos varados en el exterior.
Todo esto se debe a que Gran Bretaña en general, pero especialmente Inglaterra, no está acostumbrada a las actuales condiciones climáticas. Aquí, las temperaturas rara vez bajan de cero grados y la nieve en abundancia es algo que sólo se ve de vez en cuando.
Los períodos de inviernos crudos se cuentan con los dedos de la mano. Tanto es así que, de la misma forma en que la gente compra un billete para el "gordo de Navidad", aquí se suele apostar si habrá o no una "Navidad blanca".
Este año, los dueños de las casas de apuestas tienen el ánimo por el suelo. Una semana antes de las Fiestas, la nieve acumulada alcanza en algunos lugares el medio metro. Y con el mercurio en el termómetro deslizándose hasta los -19 grados, la blanca precipitación adquiere sobre la superficie la densidad del hormigón armado.
La infraestructura británica no está preparada para este tipo de desafío. Cientos de miles de británicos han tenido que convertir la rutina de calentar la pava para preparar el té del desayuno en una destinada a descongelar el drenaje y otras cañerías del baño para poder así darse una ducha.
El alcalde de Londres, Boris Johnson, confesó ayer no saber "qué más hacer para encontrar palas, excavadoras o cualquier máquina capaz de retirar la nieve de las rutas y de debajo de los aviones". El panorama general es de estupor, desesperación y frustración.
Pérdidas
Los inconvenientes se apilan y están empezando a amenazar seriamente al área de salud y a la economía. El Servicio Nacional de Salud canceló todas las intervenciones quirúrgicas previstas para esta semana que no fueran de emergencia. La decisión fue adoptada ante la imposibilidad de garantizar la presencia de todo su personal médico y por el riesgo de agotar las reservas del banco nacional de sangre, reducidas por la caída en la asistencia de donantes.
Tim Denison, analista de la firma de estudios de mercado Synovate Retail Performance, afirma que ésta es una de las peores Navidades para el comercio británico, que no logró recuperarse de la recesión. "Por más que muchos comercios estén ofreciendo rebajas de hasta el 75%, la gente no sale a comprar. Estimamos que esto redundará en pérdidas de hasta 750 millones de dólares", indicó.
Las ventas por Internet, que se habían triplicado a principios de mes en comparación con el año anterior, cayeron en picada porque muchas empresas no pueden garantizar la entrega de sus productos. El servicio de correo, Royal Mail, se encuentra entre los más afectados por el caos en las comunicaciones terrestres.
Todo esto está empezando a poner presión sobre el gobierno de coalición conservador-liberal de David Cameron. Su ministro de Transporte, el tory Philip Hammond, prometió encargar un estudio científico para determinar si las probabilidades de sufrir inviernos duros han aumentado a raíz del cambio climático. De ser así, dijo, el gobierno destinará más fondos para la adopción de medidas preventivas.
Esta cautela despertó la indignación de muchos comentaristas, incluida su rival laborista Maria Eagle, para quien el problema "no es tanto uno de dinero como uno de mejor coordinación".
La ola de frío ya causó una "víctima política" en Escocia, donde el nacionalista ministro de Transporte, Stewart Stevenson, renunció tras admitir no haber tomado medidas necesarias para evitar la crisis.
La Nación
Martes 21 de Diciembre
de 2010